11 agosto 2020
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El desastroso estado de la Región

02 jul 2020 / 03:00 H.

    Menos mal que en el Debate sobre el Estado de la Región celebrado el pasado martes y ayer miércoles en las Cortes se ha hablado de casi todo menos del estado de Castilla y León, que es un auténtico desastre, aunque no más que el resto de España tras el paso arrasador del coronavirus y el efecto acelerante de un Gobierno de la nación constituido en ejemplo de cómo no se debe enfrentar una crisis sanitaria.

    El presidente de la Junta ha hecho bien en hablar a los ciudadanos del futuro inmediato, de los planes para reconstruir la maltrecha Comunidad, en lugar de regodearse en lo catastrófico de la situación, porque lo pasado no tiene remedio y lo urgente es frenar la sangría económica y social cuanto antes.

    Habrá quien piense, como dijo Alfonso Fernández Mañueco, que la pandemia “es un grave problema que debemos transformar en una oportunidad”. Es cierto que el COVID-19 puede hacernos mirar más al campo y puede provocar una apuesta por la producción local de alimentos y otros bienes de consumo, pero de momento se trata de sobrevivir y para eso tanto el campo como las ciudades de Castilla y León necesitan el empujón del Gobierno regional, entre otros.

    Parece que la Junta está dispuesta poner en el asador toda la carne de que dispone (que no es tanta como para salvar a la Región del naufragio) y que incluso puede hacerlo con el apoyo del PSOE. Ayer se aprobaron 74 medidas para reactivar la sanidad, la sociedad y en general la economía regional, la mayoría de PP y Ciudadanos pero cuatro de ellas del Grupo Socialista y otras diez del Grupo Mixto. Si Luis Tudanca mantiene el perfil institucional del que se imbuyó hace unas semanas para firmar el Pacto por la Recuperación, podrían salir adelante los primeros Presupuestos del Consenso en la Comunidad, algo inédito en Castilla y León (y casi en España) y que podría seguir transmitiendo un mensaje de unidad, de diálogo y de confianza hacia los interlocutores sociales y hacia la iniciativa privada que será, al final, la que deba volver a poner en marcha el motor productivo.

    Mañueco habló en las Cortes de su proyecto para salvar Castilla y León sobre la base de una “nueva economía” cuyos pilares serían la transformación digital, la sostenibilidad, los servicios públicos de calidad y el desarrollo rural. El gran obstáculo para pactar esos Presupuestos con Tudanca es que las recetas preferidas por el líder socialista son contrarias al ideario del centro derecha: más impuestos, más gasto, más administración y menos iniciativa privada. Es un problema grave. Pero lo bueno es que en los próximos años tanto la Junta como el Gobierno central estarán obligados a aplicar una receta mixta: será necesario insuflar ingentes cantidades de dinero público en una economía gripada, y al mismo tiempo habrá que apoyar a las empresas y fomentar la contratación para evitar que el paro se dispare hasta cifras increíbles. Hay un resquicio para el entendimiento, sin duda.

    El apoyo de Tudanca a los Presupuestos, innecesario en cuanto a la aritmética parlamentaria, tendría otro efecto positivo: podría influir sobre el Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez, empeñado en marginar a esta Comunidad con repetidos e inaceptables signos de desprecio. El reparto de los 16.000 millones de apoyo a la sanidad por el coronavirus, en el que ’birló’ al menos 150 millones a Castilla y León o el olvido de la Estrategia Nacional para el Reto Demográfico constituyen dos ejemplos palmarios. Pero más reciente está el desaire provocado ayer mismo, cuando el presidente del Gobierno prefirió acudir a Badajoz escoltado por el Rey (lo contrario, que sería lo correcto protocolariamente, no es posible tratándose del Doctor Sánchez) en lugar de celebrar en Fuentes de Oñoro, principal paso internacional, la apertura de la Raya con los portugueses. En Extremadura, si mal no recuerdo, gobierna el PSOE, y en Castilla y León no gobierna el PSOE. Todo son votos.

    Para Sánchez la crisis sí se ha convertido en una oportunidad: la de seguir en La Moncloa a cualquier precio.