17 octubre 2019
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El “crudivegano” de Sánchez

07 oct 2019 / 03:00 H.
Pablo Montes
Sin tapujos

El movimiento enfermizo que trata de imponernos una alimentación basada en nabos y berzas para no someter a los pobres animales, ha encontrado un aliado previsible. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha demostrado que podría ser el mejor representante de los ‘crudiveganos’. Esos dementes no sólo basan su dieta en nabos y berzas. Además se los comen crudos. Como esta secta gane terreno, que se preparen los de Magefesa. Ni sartenes, ni ollas a presión, ni cacerolas. La más absoluta degradación del ser humano. El futuro que nos espera es convertirnos en vulgares ovejas comiendo hierba. ¡Qué triste!

Todos sabemos que la cultura de nuestro presidente del Gobierno es muy limitada. Aplaudo que sepa inglés al contrario que su antecesor, ese al que prefiero no nombrar para no cabrearme. Pero con eso no vale. Y si no tienes ni puñetera idea de la realidad de tu país, por lo menos rodéate de gente que sí la tenga para no meter la pata. Todos los mandatarios cometen errores de bulto en alguna ocasión y nadie está exento de errar, pero cuando tus palabras son capaces de hacer subir el pan, hay que andar con pies de plomo. Sánchez se cree una divinidad y por eso se permitió el lujo de saltarse el guión durante su discurso de inauguración de la Feria Internacional Ganadera de Zafra. Desprovisto de papeles, el presidente es aún más mediocre. Y el disparate llegó. Pero no uno cualquiera, sino una puñalada trapera a un sector como es el del ibérico que bastantes problemas tiene como para ganarse este inesperado enemigo. Sin pretenderlo (o no), Sánchez se ha convertido en abanderado de los ‘crudiveganos’.

Tal es la soberbia del líder socialista que, aunque desde su gabinete de Moncloa le han recomendado hacerlo, no ha tenido la decencia de rectificar. Lo debería haber hecho en aquel preciso momento, al darse cuenta del murmullo que generó su comentario. Prefiere escuchar a los payasos que optaron por aplaudirle a sabiendas de que su torpeza era similar a decir que la Torre Eiffel está en Roma y el Coliseo, en París.

Si muchos consumidores ya tenían un lío de narices sobre el mundo del jamón, Sánchez se ha encargado de enfangar más el asunto. Ya será inútil explicarle que el jamón que más gusta al consumidor no es ese reducto cien por cien ibérico que pregonan los andaluces. Sino el cincuenta por ciento ibérico que predomina en nuestros hogares y restaurantes. Pero eso ya es un máster, y para eso el presidente necesita plagiar a otros.

Además de ser un peligro para la economía, el ‘semidiós’ socialista es una amenaza para los que queremos seguir comiendo carne, yendo a los toros y defendiendo la caza como actividad reguladora de la salud pública (no la del emérito en Botsuana matando elefantes). Si el cancerígeno ‘lobby’ vegano está siendo capaz de influir en gobiernos de izquierda de medio mundo, España no va a ser una excepción. Para ello se valen de científicos afines que, de vez en cuando, se sacan estudios elaborados en un fumadero de marihuana donde denuncian los graves perjuicios para la salud de la carnes rojas y procesadas. De hecho el último informe decente que ha defendido su consumo y que ha sido publicado por “Annals of Internal Medicine” se ha encontrado con un aluvión de críticas por parte de los mequetrefes de siempre. Las personas normales cada vez tenemos claro que hay que seguir la máxima de nuestras abuelas: comer de todo y no abusar de nada.

Los ‘crudiveganos’ también han callado ante la grave situación que se vive en Castilla y León con la plaga de jabalíes. Un problema que solo pueden frenar las batidas controladas, que no se están pudiendo llevar a cabo por el vía crucis judicial de la Ley de Caza. Algunos prefieren que estos animales sigan provocando accidentes de tráfico, propaguen enfermedades y causen estragos a los agricultores antes de darles un tiro y usarlos para hacer una rica matanza de jabalí.

Pedro Sánchez y los defensores de convertir a los humanos en ovejas no pueden jugar con fuego ni caer en la grave contradicción de defender a la España vaciada y pretender arrebatarle su principal sustento. Nos tendrán delante para impedirlo.