22 noviembre 2019
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El cine

23 oct 2019 / 03:00 H.
Maite Conesa
Diario Quincenal

Nueve de la mañana y cine completo. Impresiona ver a los habitantes de una ciudad rendirse a la riqueza de un festival que cumple 64 años. Solo hay que dejarse llevar hasta la butaca y esperar el milagro de este gran trabajo colectivo que es levantar una película hasta hacerla llegar a la pantalla de un cine en cualquier lugar del mundo; el cine es material sensible, juega al límite con la cordura y el talento de quien intenta expresarse y crear a través de él y con la sensibilidad de quien lo recibe. La butaca es el reducto en el que nos sentimos otros, la frontera numerada que nos protege para reír, llorar, asustarnos entre cientos de desconocidos, esperando de manera única, personal, nuestra transformación compartida.

El público de Valladolid es el protagonista estelar de su Seminci. Su Semana Internacional de Cine es una pieza imprescindible de la cultura de esta región y de la cultura audiovisual del país, hecha con la entrega impagable de sus trabajadores y de una sociedad que la vive con intensidad ante las once pantallas que durante ocho días ofrecen hasta cinco sesiones diarias. Es también la radiografía del sector y de su mundo laboral.

Si llegar a la pantalla como creador es una tarea titánica, si eres mujer rodar la primera película es una hazaña. Conocemos en la semana las conclusiones del III Encuentro de Mujeres Cineastas, elaboradas por la revista Caimán y la Asociación de Mujeres Cineastas. De los 3.358 largometrajes producidos entre 2000 y 2018 solo 319 han sido realizados por mujeres, lo que supone el 12 por ciento del total. De ellos, 304 corresponden a la primera y segunda película, y el 22 por ciento a rodajes posteriores.

Las películas de nuestras mujeres cineastas tienen un coste medio de 1.452.000 euros, mientras que en las películas de directores masculinos el presupuesto medio asciende a 2.726.000 euros. Todas ellas han puesto de relieve las dificultades de conciliación, la paridad en los comités de selección y jurados de los festivales, que el cine y el audiovisual estén presentes en todos los programas educativos y que miremos hacia su trabajo y veamos mujeres haciendo cine, no cine de mujeres.

Nuestras directoras han aportado a la cultura cinematográfica reciente 187 películas, entre largometrajes de ficción, documentales y una única de animación. De estos títulos, producidos y estrenados entre 2015 y 2018, solo cinco han sido proyectos rodados en Castilla y León, por directoras nacidas o vinculadas aquí. Son la documentalista Inés Toharia, propietaria de una librería especializada en cine en Urueña; la soriana Cristina Ortega, con nueva película en esta semana con la producción de Chema de la Peña; Ana Cea, profesora de Comunicación en la UVA; la salmantina Isabel de Ocampo, Goya en 2009, la bejarana Carmen Comadrán y Blanca Torres, codirectora con Gabriel Velázquez. Y continúan pisando el camino de baldosas amarillas.