24 mayo 2019
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El asesino de niños

17 may 2019 / 03:00 H.

Josu Ternera, de profesión asesino, se hacía pasar por venezolano, de vez en cuando quedaba con su tercera mujer, muy jovencita, tititera y madre de su hijo pequeño. Una parte de su tiempo libre la pasaba escondido cual cucaracha y, cuando salía lo hacía con mil precauciones, aunque ni mucho menos esperara el tiro en la nuca o la bomba, porque de eso tenía el copyright. Josu Ternera lo único que temía era quedarse sin esa libertad tan inmerecida y verse obligado a dejarse de reir del mundo y del sistema porque la policía francesa y la Guardia Civil -qué buena guinda para su aniversario- pusieran fin a sus 17 años de tomadura de pelo.

Y ocurrió, porque a cada cerdo le llega su San Martín aunque a veces se haga de rogar. Ya sin esperanza, convencidos de que esto nunca llegaría a ocurrir y con la inmensa duda de que Josu Ternera pudiera haber sido capturado en ocasiones anteriores, las víctimas de ETA y sus familiares vivieron ayer uno de sus días más felices. Fue el regreso de la confianza en las fuerzas de seguridad y en el propio Estado. De sentirse abandonados, a verse arropados. De que nadie se acordara de ETA porque afortundamente ya no mata, a que de nuevo la mirada de la sociedad se diera cuenta de que las víctimas se desangraban con cada día de escapismo de Josu Ternera, frío, calculador y cínico asesino de niños.

Ayer por fin las víctimas pudieron ponerse una tirita para un dolor imposible de cerrar con el sanguinario en los supermercados, en los bares... o en el Hospital, que es donde los cobardes encuentran siempre su refugio, apelando a una humanidad que se reservan en exclusiva. Imposible que el etarra jefe no supiera que había ropa tendida de niños en aquella casa cuartel de Zaragoza cuando aparcaron el Renault 18 que contenía 250 kilos de amonal. Imposible que no pensaran que, como ocurrió, iban a morir las gemelas de 3 años, la niña de 6, la de 7, la de 13, el chico de 17... Ese es Josu Ternera...

...Un héroe, según Jesús Eguiguren, expresidente del Partido Socialista de Euskadi enemigo de la violencia sino le delatara el pequeño detalle de haberse visto obligado a dimitir como vicepresidente de la cámara vasca por haber sido condenado por haber golpeado con un paraguas a la que entonces era su mujer. Eguiguren atribuye a Josu Ternera el liderazgo del fin de las armas cuando ha sido la paciencia, la resignación y la humillación consciente de las víctimas las que han hecho posible la convivencia actual entre víctimas y asesinos. A ellas, ningún reconocimiento. A Eguiguren, y a su amigo Arnaldo Otegui, homicida que se blanquea en las urnas, el premio Gernika por la Paz y la Reconciliación. A Josu Ternera también le tuvieron que padecer las víctimas de ETA como diputado, y por supuesto, como miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco, algo que hay que tener cara para aceptar y, por supuesto, para sostener, como hizo impunemente y sin verguenza el PNV.

Otegui también tuvo ayer mal día. Después de los momentos de gloria que vivió cuando fue absuelto por el secuestro de Javier Ruipérez o cuando metió la pata la jueza, el coordinador general de EH Bildu estuvo de bajón, igual que al ser pillado por el secuestro a punta de pistola del director de Michelín, a quien en el zulo el “hombre de paz” y sus secuaces le hicieron jugar a la ruleta rusa. Ayer Otegui advirtió al PSOE de las consecuencias de la detención de Ternera porque así, encarcelando a asesinos, se va mal. Ahora está en manos de Pedro Sánchez buscar el apoyo del grupo blanqueador de criminales o no.

Josu Ternera está en el Hospital, cerca de la cárcel. Y no tardarán en alzarse las voces que reclamarán un trato preferencial para el histórico desalmado de ETA, como el que se le dio al etarra Bolinaga, asesino de tres guardias civiles y secuestrador de Ortega Lara. Son hombres de paz y las víctimas, las amigas del enfrentamiento: el mundo al revés.

Antonio Fernández, Juan Carlos González, Cristóbal Martínez, Sebastián Arroyo... y tantos otros asesinados por ETA: ayer fue un gran día.