13 noviembre 2019
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Dos certezas y cinco dudas

09 nov 2019 / 03:00 H.

Es imposible saber qué ocurrirá mañana aunque las encuestas -salvo la del CIS- vayan en una misma dirección y den resultados creíbles.

Coinciden en que el PSOE se mantiene y es entendible porque aunque viene con impulso de Gobierno, Pedro Sánchez ha cerrado su peor campaña electoral con la metedura cumbre sobre la Fiscalía y estampas de chulería difíciles de olvidar. Se le ve fuera de sitio, endiosado y, lo que es peor, torpe. Se entiende que le sigan los fieles pero cuesta creer que muchos más se unan.

Coinciden las encuestas en que el PP sube y también suena lógico porque Casado ha rectificado su error del 28-A, se ha moderado, ha dejado al votante más duro de derecha a Vox, y con la barba de Rajoy ha buscado al votante de centro-derecha, arrebatándole votos a Ciudadanos. La crisis económica, con los malos datos del paro y la rectificación de Bruselas sobre el crecimiento económico, le permite sumar además al votante que vuelve a la derecha cuando ve la crisis próxima y teme que el paro llame a su puerta, a la subida de impuestos o a quedarse sin pensión. Ayuda al PP que Pedro Sánchez, igual que hizo Zapatero, niegue la crisis a pesar de todos los indicadores. La memoria histórica económica favorece al PP y perjudica al PSOE, que no se desprende del estigma de mal gestor.

Podemos resiste porque Pedro Sánchez está en sus horas más bajas y también porque Errejón no ha sido amenaza. El votante de izquierda se refugia en Pablo Iglesias en parte porque Sánchez no se ha pronunciado sobre los pactos y sus ansias de poder abren el abanico de afinidades hacia el bando de los independentistas, pero también al PP y da la sensación de que si fuera por él, hasta ofrecería ministerios a Vox.

Pero el partido de Abascal es el único que se ha negado a pactar con Pedro Sánchez. Vox hace creíbles las encuestas que le otorgan un importante aumento de diputados por varios motivos: ha moderado su puesta en escena y no da miedo; tiene un lenguaje de cafetería, nada político, que llega a la gente; y ha cogido la defensa de la bandera de España que antes, cuando Arrimadas peleaba en Cataluña, era propiedad de Cs. Además se lleva también el voto del que está harto de elecciones y ve en Vox el voto protesta al estilo Chikilicuatre. Afortunadamente para ellos el PSOE ha reaccionado tarde y no le da tiempo a que vuelva a calar el discurso del miedo a la ultraderecha, a pesar de la fuerte campaña de última hora e incluso a la torpeza de PP y Cs en la Asamblea de Madrid al facilitar la “foto de Colón” con la defensa a la ilegalización de partidos). Ahora todo suma para Vox...

...Y todo resta para Cs porque esta campaña le pesa todo: el hartazgo de Rivera, la fama de veleta, una Arrimadas fuera de sitio desde que se mudó a Madrid... y hasta la falta de sinceridad del líder sobre Malú. Cae Cs porque se le fue el votante más afín del PSOE y que soñaba con un pacto Cs- Sánchez (aunque Rivera sólo fuera fiel a su palabra) y también el votante que veía en este partido savia nueva sin complejos, con un factor sorpresa que perdió al gobernar.

Hasta mañana, cuando se conozca también el alcance de la movilización en Cataluña, no habrá casi nada claro. Sí dos certezas: Pedro Sánchez, desatado, estará en Moncloa para salir en la foto y dará un golpe bajo a la jornada de reflexión, a pesar de que durante las manifestaciones salvajes en las que mandó a la Policía al linchamiento permaneció escondido y dejó a Grande-Marlaska como la cara visible. Ahora le hace falta la foto, como dos entrevistas el último día de campaña: algo no le va bien.

La otra certeza que deja la campaña es la imagen de la mujer por los suelos, con un debate “de mujeres” que aparecían aborregadas con las chaquetas de sus partidos. No queremos segregación de aulas por sexos y, en cambio, debaten sólo mujeres, no mujeres y hombres preparados en un área. Es la nueva política que va de “progre” y que, en cambio, escenifica a la mujer un escalón por debajo del hombre. Y a esa política se prestaron todos los partidos porque con el feminismo hay un miedo atroz a lo políticamente incorrecto. Nunca antes la mujer había caído tan bajo, al menos desde que Podemos cambió su nombre por el de Unidas Podemos con el único objetivo de que mandara aún más Pablo.