06 agosto 2020
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¿Dónde están los veganos radicales?

16 abr 2020 / 03:00 H.
Pablo Montes
Sin tapujos

Antes de que estallara la crisis del coronavirus tuve que soportar una campaña de acoso en redes sociales del poderoso y mezquino ‘lobby’ vegano radical (no el respetuoso, por supuesto). Fue a raíz de un artículo en el que ensalzaba las matanzas tradicionales como seña de identidad de la España rural. Cometí la osadía de citar a ese partido llamado PACMA que iguala a animales y personas y pretende imponer su perversa visión de la sociedad. Usando unos métodos más propios de Corea del Norte, esta pseudoformación política puso en marcha su maquinaria. Movilizó a sus acólitos autómatas que basan su dieta en los nabos y las berzas y que no respetan a los omnívoros. Como si fuera el ‘Mein Kampf’ de Hitler, sueltan el discurso en el que previamente han sido aleccionados y que viene a decir que los que comemos carne somos demoniacos y ellos representan la esencia del ser humano porque no lo hacen. Y si hay especies que por este motivo desaparecen. Y si hay personas que se quedan en la calle. Y si hay pueblos que se mueren. Se la bufa. No dan ni una sola alternativa a ganaderos, tratantes, mataderos, distribuidores...

Se suele decir que cuando vienen mal dadas las ratas son las primeras que huyen del barco. No creo que les siente mal esta comparación ya que para ellos un roedor es tan respetable como una persona. Quiero puntualizar. Solo hablo de aquellos que intentan imponer sus enfermizos gustos denostando a los que no entramos en su secta. Todos aquellos que, en el ejercicio de su libertad, deciden llevar una alimentación vegetariana, vegana o ‘crudivegana’ sin criticar al resto, me merecen el mayor de los respetos.

La pandemia del coronavirus ha borrado del mapa las reivindicaciones de este colectivo. Alguno de ellos se habrá dado cuenta de que, en una crisis de tal magnitud, sus argumentos viles se desmoronan como un castillo de naipes. Y precisamente quienes están dando la cara son sus odiados ganaderos y esos mataderos que consideran poco menos que el averno. Aquellos que nos surten de carne como la de pollo, la de cerdo o la de ternera, que se han convertido en algunos de los productos más vendidos durante el confinamiento. Mientras los activistas veganos están aportando un cero como una catedral a la sociedad, los trabajadores de las granjas y de las explotaciones siguen yendo cada día a sus puestos de trabajo a jugarse el tipo para que en las carnicerías no falte de nada. Para que esta situación casi de guerra sea menos dura porque no ha llegado el temido desabastecimiento. Y no es gracias a esos enfermos que acudían a lloriquear delante de los camiones que transportan el ganado al matadero. ¿Dónde están ahora?

Pero esa labor fundamental que hacen los ‘demonios’ de los veganos no solo se limita a los ganaderos, también al campo de la veterinaria. Una especialidad que moriría en gran parte si este ‘lobby’ infeccioso impone su dictadura. Solo quedarían los que se dedican a atender a esos perros que algunos dueños ponen por encima de los mayores que se nos están muriendo por culpa de la COVID-19. Escuchaba hace unos días a Miguel Ángel Higuera, veterinario y director de la Asociación Nacional de Productores de Ganado Porcino (Anprogapor) asegurar que el Gobierno no estaba contando con los laboratorios veterinarios ni para hacer un cribado del virus. Hay que recordar que España tiene una red de laboratorios de este tipo de primer nivel y que hay más epidemiólogos en el lado de la veterinaria que en el de la medicina humana. Una ayuda fundamental en un momento así, ya que su experiencia es muy valiosa.

También el respaldo de ganaderos y agricultores está siendo fundamental en las tareas de desinfección. De hecho, las autobombas del servicio de Medio Ambiente de la Junta que recorren los pueblos han pasado de usar una solución de agua y lejía a emplear un producto desinfectante de explotaciones ganaderas que es más eficaz.

Sin embargo ,hay que soportar que los ‘terraplanistas’ del lobo (hermanos del ‘lobby’ vegano), vuelvan a negar la mayor y desprecien a los ganaderos de La Zarza Pumareda, Olmedo de Camaces, San Felices de los Gallegos o Villasbuenas que han perdido decenas de ovejas por sus ataques. Espero y deseo que, cuando esto pase, la vida ponga a cada cual en su lugar.