16 agosto 2022
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¿Dónde están los ecologistas?

04 jun 2022 / 08:09 H.

    Antes los trenes eran lugar de inspiración literaria. Ese ‘yo nunca duermo en el tren/y, sin embargo, voy bien’, de Machado o el tren como ‘explorador de soledades’, que sentía Neruda. El tren, esa oruga ‘susurro, animalito longitudinal entre las hojas frías y la tierra fragante’.

    Ahora tenemos trenes que inspiran literatura sentida, como el AVE a Sevilla, los de Galicia, Barcelona, Valencia... y hay otros que solo inspiran pena, como los de Salamanca. Estos dan para lo que dan, como mucho para prosa de puerta de cuarto de baño o para desahogo en foros de viajes. En una de las plataformas más consultadas por los viajeros -tripadvisor- uno de los primeros comentarios sobre las ‘virtudes’ del tren de Salamanca es de un inspirado viajero que describe a la perfección nuestros dos trenes a Madrid: uno rápido, dice, de “precios abusivos” (40 euros solo la ida como algo habitual) y uno lento que describe como “horrible, tarda muchísimo, dan ganas de empujarlo”. Esta es nuestra literatura de tren, la literatura de tren de una ciudad de segunda aunque paguemos los mismos impuestos que el resto de españoles.

    Miles de estudiantes consultan páginas para conocer las condiciones de viaje antes de decidirse a venir y dejar dinero en Salamanca y huyen de odiseas, como los turistas que buscan un viaje relajado y no de horas en la estación, o las personas de negocios que lo que quieren es acabar la reunión de trabajo y volver rapidito a su lugar de origen, sin estar condenados a comer paquetes y paquetes de pipas esperando que pase el tren. Sin tren no hay negocio ni ocio. Y Salamanca es de las ciudades que está condenada a no tener ni una actividad ni otra... si no se le pone remedio.

    No sería tan indignante si lo que ocurre en Salamanca pasara en otras ciudades, pero en la mayoría no es así. Valladolid, León, Segovia y Zamora viven sus mejores horas de tren, con frecuencias recuperadas por sus hábiles alcaldes. A lo mejor el mensaje es el de que habrá que tener alcalde de izquierdas para tener un tren decente, pero es que en Salamanca parece que ni por esas porque Pedro Sánchez no hace caso ni a los socialistas salmantinos, a los Serrada, Pablos, Mateos... tan reivindicativos con el tren desde tiempos de Rajoy cuando teníamos 4 frecuencias -una más que ahora- y pedían 5 con razón y exigían bajar precios cuando el tren era más barato que ahora.

    Se entendería que Salamanca estuviera como está -sin tren rápido real y con uno tan lento que puedes apreciar cada hierba que crece junto al raíl- si esa fuera la apuesta del Gobierno, pero no es así. Aunque nuestro presidente vaya casi siempre en Falcon, en helicóptero o en coche oficial y ninguno de sus ministros haya acudido jamás a Salamanca en tren -algo que sí hacía Rajoy- nos indica siempre que puede que viajemos en él. Dice el Gobierno que es lo que menos contamina, pero despista y mucho que también la ministra para la Transición Ecológica no se baje del coche oficial. A lo mejor tiene que venir Greta, el ejemplo de los libros de texto elegido por el Gobierno para concienciar a nuestros niños sobre la necesidad de cuidar el planeta, para que el presidente se dé cuenta de lo que contaminamos y por su culpa, por dejarnos sin tren. Greta acabaría eligiendo el burro como vehículo no contaminante porque terminaría desesperada para intentar cerrar combinaciones de ida y vuelta Salamanca-Moncloa. Solo los ecologistas -¿dónde están los ecologistas?- pueden concienciar a nuestro Gobierno de que como no hay trenes decentes, no nos queda otra que coger nuestro coche contaminante para ir a Madrid y eso es un desastre para el planeta. ¿En qué quedamos? ¿Cuidamos el medio ambiente o solo cuando le venga bien a nuestro presidente o para cobrar impuestos?

    Galicia lo hizo bien para recuperar frecuencias de trenes porque Feijóo fue un martillo pilón. En Salamanca se va por ese camino pero con la primera grieta porque el PSOE se desmarca de un acto reivindicativo. Se ve que no entienden que el tren no puede ser cuestión de partidos o de salir en la foto, es cuestión de ciudad y de provincia, y a lo mejor los ciudadanos no perdonan que por una pataleta se ponga una piedra más para el aislamiento definitivo de Salamanca. Y la Junta de Castilla y León tendrá que estar ahí con fuerza en todas las reivindicaciones porque no puede ser que haya dentro de la propia comunidad provincias con trenes de primera y provincias con trenes de segunda, por mucho de que el gran culpable sea Pedro Sánchez.

    Existe un tren literario en el que Delibes ‘pegaba la hebra’, pero se ve que Salamanca no tiene derecho a subirse.

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