14 mayo 2021
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Doña Emilia

14 abr 2021 / 03:00 H.

    Se ha dicho desde hace tiempo: trece y martes, ni te cases ni te embarques. Y ayer lo fue. Y ayer cerraron el interior de nuestra hostelería, pero la opción de la terraza se truncó con un día de molesta lluvia, que supongo habrá alegrado a los del cereal, que ya barruntan cosecha, pero a los demás nos ha confinado en casa. Menos mal que la lluvia respetó la tarde del Lunes de Aguas, pero los agoreros ya anuncian que a los efectos pandémicos de la Semana Santa se van a unir en unos días los del Lunes de Aguas. El fin del mundo.

    El caso es que más allá de la vacunación -que rule, que rule- cuesta encontrar una noticia de alivio. Si acaso me quedo con la de los nuevos soles de Repsol en Salamanca, que me apunto para cuando se pueda, y la buena nueva de que este año habrá Día del Libro, estupendo escaparate de las novedades salmantinas, como la que acaba de salir de Manuel Menchón y Luis García Jambrina, “La doble muerte de Unamuno”, inspirada en el documental “Palabras para un fin del mundo”, con hechuras de género negro, que tanto fascina a Jambrina, que, además, prologa la edición del centenario de “La Tía Tula”, de Miguel de Unamuno, con sello de la Universidad de Salamanca. También estarán en los mostradores los relatos de Concha Torres y los de Esther Sánchez Iglesias -“A falta de París...”- o las peripecias marinas de Carrión, “Un canalla sin ventura”, dibujadas por Ángel Miranda, igual que las proezas romanas de Flavio Aecio, “El salvador del Imperio”, de José Luis Sánchez... Hay ensayos locales salidos de las prensas de la Diputación Provincial, espléndida poesía de los nuestros, como Fernando Díaz San Miguel y su “Dique”, y un guiño a los comuneros, cuyo recuerdo se mezcla con el Día del Libro, el de la Comunidad y el de Miguel de Cervantes, mártires recordados este año en el libro “El rayo y la semilla”, del profesor Miguel Martínez. Un día del libro que obliga este año a rescatar obras de Josefina Cuesta y Dámaso García Fraile. Qué dos pérdidas. A Dámaso le conocí recién nacidos los ochenta con aquel proyecto musical divulgativo al que dimos forma con el Colectivo Fonos. Llevamos por iniciativa suya desde el blues a la canción de autor por las aulas universitarias y se organizaron espléndidos conciertos en el Juan del Enzina y otros recintos. Que no se olviden de ello en el currículum de don Dámaso.

    El Día del Libro de este año está dedicado a Emilia Pardo Bazán, doña Emilia, la Condesa de Pardo Bazán, que tuvo sus episodios con Galdós y sus comidillas con Ángel Muro, a quien dedicó un entrecot. Estuvo la de Meirás en Salamanca, en un homenaje a Gabriel y Galán, y en su discurso deseó “por arte de hechicería, dejando el camino del tiempo, transportarse a la Salamanca de entonces” para no perder “las escenas de aquella alegre y democrática confraternidad escolar, el modo de vida de los diversos estudiantes... y entre esta patulea, despierta, de roja sangre, destacan los tunos y sopistas, de goliardesca memoria, dedicados a la rapiña o sostenidos por la bazofia conventual”. Así era ella. Doña Emilia, que fue una pionera en el feminismo y en la información a las féminas, y de ahí sus imprescindibles recetarios, no hubiese aguantado las hambrunas de aquella Salamanca clásica de pícaros y picardías. Ahora, con soles, estrellas Michelín y otros reconocimientos, doña Emilia estaría en la gloria. Que no se me olvide, en aquellos recetarios clásicos están los chorizos de Candelario y los farinatos de Salamanca. Espero que los farinatos de Ciudad Rodrigo perdonen a doña Emilia su olvido.

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