22 enero 2020
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Descomposición en Ciudadanos

05 dic 2019 / 03:00 H.

Lo peor de la fruta en descomposición es el efecto contagio. Una naranja podrida en el cesto no tarda mucho en contaminar a sus vecinas de manera irremediable. Los hongos y las bacterias se encargan de formar ese moho blanco tan repelente que las convierte en desperdicio hediondo y las condena a engordar la bolsa de la basura.

A Ciudadanos se le están pudriendo las naranjas y cada día que pasa se parece más a un partido en descomposición que a aquella formación joven, sana y dinámica que conocimos en sus orígenes. Se ve que la podredumbre no es cuestión de edad, porque las flores y los pájaros de partidos centenarios como el PSOE o de larga trayectoria como el PP, se mantienen frescos y grácilmente volátiles pese al desgaste de los años, mientras que a Ciudadanos le comen las arrugas con solo trece años de vida.

En la misma cesta de cítricos conviven con las podridas otras naranjas jugosas, llenas de zumo y de apariencia brillante, como Inés Arrimadas, que demostró su valía el pasado martes en el Congreso con una intervención atinada y contundente contra la presidenta Batet y su inaceptable condescendencia frente a los golpistas, filoterroristas y separatistas, que utilizaron fórmulas insultantes para la democracia a la hora de jurar la Constitución.

¡Ay, si todo fueran Arrimadas! Pero no. Dentro de esa gran fuente de frutos la parte más pocha está en Castilla y León, donde los dirigentes de Cs se han enzarzado en una guerra sin cuartel por el control de los restos del naufragio, empeñados en batirse a cañonazos dentro de una nave que, a este paso, no tardará en convertirse en otro pecio del profundo mar del olvido político.

Lideran los bandos en liza el vicepresidente de la Junta, el doctor vallisoletano Francisco Igea, y el presidente de las Cortes regionales, el salmantino Luis Fuentes, sin título. Ambos llevan toda la semana cruzando improperios, a cuenta de que el médico tuvo a bien criticar la purulenta democracia interna de la formación naranja, que cuando se tratan asuntos importantes vota a mano alzada y luego se abre el debate para ver quién es el guapo que se atreve a nadar contra corriente.

Al vallisoletano ese estilo de democracia orgánica en las reuniones del Consejo General de Ciudadanos le produce un bochorno tremendo, y al salmantino lo que le produce bochorno es que Igea hable en nombre de los militantes de Castilla y León para criticar a la dirección nacional cuando estaría muy bien calladito. Y en esas aguas del “y tú menos” sobre quién representa más a quién han chapoteado los dos líderes del naranjismo regional, con advertencias muy a mala uva como la que lanzó Fuentes a Igea, anunciándole que será sometido al Comité de Disciplina del partido en caso de ser condenado por amenazar a un militante. En el juicio al que se refiere Fuentes, celebrado la semana pasada, un testigo declaró que Igea avisó al denunciante que “le reventaría la cabeza” si seguía publicando en las redes mensajes maledicentes contra su familia.

Pudo ser fruto del calentón del momento. Lo que no es fruto de fiebres pasajeras es el dolor de cabeza que están provocando Igea y Fuentes a los cargos y militantes de Cs: entre ambos pueden “reventar” el partido si continúan dilucidando sus diferencias desde dos de los puestos de mayor responsabilidad en la política castellana y leonesa. Y pueden provocar una crisis institucional que haga temblar el pacto en el Gobierno autonómico.

Con Ciudadanos pueden ocurrir dos cosas en un futuro inmediato: que estalle como una naranja lanzada con furia contra el suelo y entonces sus cargos en Junta, Cortes, ayuntamientos y diputaciones elegirán su camino uniéndose al PP, al PSOE o al siempre socorrido Grupo Mixto, o que la llegada de Arrimadas a la presidencia de la formación le permita recuperar su discurso centrista, apartar la fruta podrida, soltar lastre, aclararse las ideas y mantener las alianzas de centro derecha para combatir a una izquierda echada al monte.

Entre tanto, una ducha fría no le vendía mal a más de uno.