10 diciembre 2019
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Delirios y pesadillas

23 oct 2019 / 03:00 H.
Santiago Juanes
El bestiario

Nos visita Pedro Sánchez. Regresa de nuevo después de aquella estancia en la que inauguró el encuentro de emprendedores “Start up Olé” y protagonizó un acto público en un abarrotado Liceo, donde se notaba la euforia de un socialismo local que presentía su victoria electoral tras años de “depre”. La intuición se aproximó bastante a la realidad, aunque ya hemos visto que no ha servido para mucho: seguimos sin gobierno, pendiente de otras elecciones, y con los candidatos de gira en medio de un follón monumental para el que no hay solución, por ahora; lo único que de momento se puede hacer es restaurar la convivencia en Cataluña y después ponerse a hablar. Pero antes hay que superar los delirios de algunos. Un lío de grandes proporciones que, de momento, ha eclipsado todo lo demás, y cuando digo todo lo demás me refiero a lo nuestro. Oiga, presidente, ¿qué hay de lo nuestro?. Porque no ha vuelto a decir nada de la España vaciada y vacía, que se sigue vaciando; ni de las oportunidades para los jóvenes ni de las pensiones de los mayores, por ejemplo, que siguen emigrando y continúan llegando malamente a fin de mes, si llegan, respectivamente. Y esto para empezar. Hable también de lo nuestro durante el paseo por Salamanca o en la Casa Museo Unamuno, destino obligado tras el millón de espectadores de la película y la recuperación de un mito, que hizo de la duda virtud.

Coincide esta visita con el homenaje a tres sabios salmantinos, Jesús Martín, José Almeida y Eugenio García Zarza. Este, Zarza, advirtió hace tiempo de la despoblación que venía. En la Feria del Libro Antiguo se vendía estos días un espléndido libro suyo sobre la Plaza Mayor. Jesús Martín fue otro sabio, en este caso de la Física Teórica; trajo a Stephen Hawking y renovó el péndulo de Foucault en la flamante Facultad de Física, ubicada en el viejo Trilingüe, que había sido antes un inestable colegio universitario e instituto de Enseñanza Media, pero ello no puede olvidar ni sus clases ni sus publicaciones científicas. Y José Almeida, que era médico, podría haber sido artista, historiador o escritor. El homenaje es en el Casino esta tarde.

Y estamos en la víspera de la exhumación de los restos de Franco, que han llenado mi teléfono de “memes”, que es como se llama ahora a los chistes digitales, como muestra de cómo viven los vecinos este suceso. En vida del dictador siempre hubo chistes sobre él y muy buenos. Lo que no sé es si él estaba o no al corriente. La cita, supongo, hará recordar que aquí se le proclamó caudillo, tuvo su cuartel general y vino de visita varias veces después. Luego, se le quitó el medallón y todo lo demás. Uno de esos “memes” hace que imaginemos qué pensarán nuestros nietos de todo este otro follón que se ha organizado a costa del traslado de estos restos, si es que nuestros nietos sobreviven a los efectos del cambio climático, que a mí esto sí que me tiene en un sin vivir y no precisamente teresiano: una pesadilla.

Si algo tiene este momento que vivimos es una buena dosis de delirios y pesadillas, que es como ha titulado su colección de narraciones entre el humor, la reflexión y el estremecimiento la bejarana Silvia Dorado, que presentó ayer en el Liceo. Los delirios de muchos protagonistas de la actualidad y las pesadillas que todos tenemos inspiradas en las consecuencias de esos delirios. A continuación, ponga usted el nombre de los autores de esos delirios, que no lo voy a hacer yo todo.