13 junio 2021
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Déjanos vivir

15 may 2021 / 03:00 H.

    En la preciosa película Soul el protagonista descubre que la vida son esos pequeños momentos: una caída de hojas, el viento en las mejillas, una canción que suena en el Metro...

    Al ser eliminado del torneo de Madrid, Nadal enseñó el valor de las pequeñas cosas cuando aparcó su frustración y fue a ver a Manuela, la abuela con principio de Alzheimer que soñaba con conocerle antes de olvidarse del tenis.

    Durante la campaña de las elecciones madrileñas, Ayuso apuntaba cada día en su bloc del teléfono móvil todo lo bueno que le ocurría: ese “gracias”, un abrazo, la ayuda que recibía en un momento delicado... Al llegar a casa lo pasaba a un cuaderno para tener presente que solo por eso todo el esfuerzo y sus renuncias habían merecido la pena.

    Pequeñas cosas. Cada día hay un motivo para vivir y por el que haber vivido y no está en ganar el Open de Madrid, en ser el mejor músico de jazz o en lograr la Presidencia de la Comunidad. Y durante el último año a veces ha sido muy complicado encontrar esas pequeñas cosas.

    Para algunos una de ellas es poder ir al pueblo o vivir donde quieras, y muchos dejarán o dejaremos de hacerlo si el Gobierno comienza a cobrarnos el peaje hasta en las carreteras, como ha prometido a Bruselas. Y no se trata de habilitar excepciones al pago en casos de ir al médico o al trabajo, significa que vivir no es permanecer encerrado porque tu sueldo no te dé para utilizar una vía pública que ya pagas con otros impuestos. Recaudar más no puede significar cerrar los pueblos cuando encima el Gobierno predica contra la Despoblación Rural, con Ministerio y todo.

    Para otros, una de las pequeñas cosas es disfrutar de un partido de baloncesto, es ir a los toros, al fútbol es poder jugar un partido... Es entrenar porque con tanto tiempo privados de deporte, cuando ahora se ha demostrado que era posible practicarlo, muchos cambiaron las tardes en el campo por jornadas vespertinas en un piso tomando “vasitos” con un riesgo mayor de la covid. Es dejar ya las incoherencias y no tener, por ejemplo, cerrado al público un campo de fútbol y abierto un pabellón.

    Quizás una de esas pequeñas cosas sea esa comida familiar pendiente en parte porque hay un millón de vacunas Astrazeneca guardadas cuando con la experiencia del Reino Unido tenemos suficiente prueba de campo; o porque no lleguen suficientes vacunas; o no dejen comprarlas a las empresas.

    Es también levantarte cada mañana sin tener que pensar cuánto vas a tener que pagar porque primero fue la “errata” de la tributación conjunta en la declaración de la Renta y ahora la criminalización de autónomos por parte de un Gobierno de 22 ministros y 1.200 asesores. Justo cuando ahora a los autónomos, machacados por cierres caprichosos de sus comercios o bares, les cuesta mucho encontrar esas pequeñas cosas.

    Difícil no tener miedo si pasamos de la nada al todo. Decía Roosevelt que en política nada es por casualidad. Y a lo mejor no lo es que el Gobierno se haya desentendido de la pandemia y preferido dejar sin herramientas de control a las comunidades, sobre todo después de ver cómo aprovechaban hasta desde tres ministerios y una delegación del Gobierno para echarle la culpa a Ayuso del desmadre en cualquier rincón. Todo, por el delito de hablar de libertad y arrasar en unas elecciones. Todo por recuperar terreno político, sin que nuestros sueños importen nada.

    Casualidad a lo mejor tampoco es que, de repente, el ministro de Cultura diga que los toros volverán a televisarse o que la intransigente de Transición aplace su bandera, que es la prohibición de la caza del lobo. Algo prepara Sánchez. Con él nada es fruto de la casualidad y así es complicado disfrutar de las pequeñas cosas. Tampoco a lo mejor es casualidad que Iglesias se cortara la coleta cuando ahora al votante le gustan los comunistas aseados como Yolanda Díaz o Mónica García.

    Manuela conoció a sus 93 años a Nadal. “Conseguí lo que quería antes de morirme”, decía mientras reconocía que le temblaban las piernas y consciente de que lamentablemente su sueño no podía esperar mucho más. Y fue gracias a que estaba vacunada; a que se celebró el torneo; a que, con muchas precauciones - como debe ser- hubo público. Fue tener la comida de mañana garantizada lo que le permitió a su familia centrarse en que Manuela tuviera un recuerdo más antes de perderlos.

    Se trata de vivir. Se trata de esas pequeñas cosas que no se consiguen solo con una cuenta atrás hacia la inmunidad.

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