24 octubre 2021
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Deimos y Fobos

11 oct 2021 / 03:00 H.

    Al parecer, el planeta Marte tiene dos minisatélites. El mayor de ellos, llamado Deimos, apenas supera los 12 kilómetros de diámetro. El segundo, más pequeño aún, es conocido como Fobos.

    El reducido tamaño de Deimos y Fobos hizo imposible su identificación hasta tiempos próximos. Para ‘verlos’ era necesaria una tecnología muy avanzada, esto es, propia de los siglos XX y XXI. Sin embargo, en un proceso curioso, los intelectuales europeos del XVII ya contaban con la existencia de los dos minisatélites. La literatura había contado con esos cuerpos celestiales mucho tiempo antes que la astronomía. Diferentes escritores habían dado noticias de la existencia de Deimos y su compañero menor, Fobos: ya eran conocidos a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII gracias a la obra del escritor irlandés Jonathan Swift, el inimitable autor de Los viajes de Gulliver.

    La imposibilidad de identificar los dos satélites con los medios técnicos y teóricos disponibles en época de Swift (y haberlo hecho, sin embargo) debe asociarse a un fenómeno conocido como ‘serendipia’ (que el DRAE define así: ‘Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual’). Pura chamba, pues, la de Deimos y Fobos. Chiripa, vamos.

    Muchos escritores europeos de los siglos XVIII y XIX compartieron el entusiasmo imaginativo de Swift. Suele citarse como mejor ejemplo el de François Marie Arouet (Voltaire). Los dos cráteres más notables en Deimos han sido bautizados como ‘Swift’ y ‘Voltaire’.

    Y de cráteres iba yo a hablarles en esta columna. Mala ocurrencia. Lo desestimo al oír en la radio que varios derrumbes en la cara norte del volcán de La Palma están acelerando el flujo de las coladas, mucho más líquidas que las precedentes. Lo que faltaba. Ahora le toca a la cara norte. ¿Y qué más?

    Las respuestas –y las preguntas- nos vendrán de los expertos. Ellos trabajan sabiendo que debemos juzgar la calidad de una investigación no tanto por las respuestas ofrecidas (a veces imposibles) como por las preguntas formuladas. Lo estamos viendo estos días de fiero comportamiento del volcán de La Palma. La ciencia ha sabido conectar con la naturaleza. Que se lo digan a los vulcanólogos, geólogos, químicos, etc. El conocimiento, el estudio, la investigación, en la universidad o en instituciones similares no responden al latigazo inmisericorde de Mark Twain: “La coliflor no es otra cosa que una col que ha pasado por la universidad”.

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