20 septiembre 2019
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De puente

17 ago 2019 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

Yo estoy de puente, tú estás de puente, él está de puente..., en fin, todos estamos de puente, sí, de una u otra manera, trabajando a tope porque el oficio obliga o dando trabajo, que es lo que para muchos arrastra el oleaje turístico que este puente (como todos) produce, puente del que por la razón que sea nadie se libra.

Salamanca no da abasto estos días, está en racha, se ve y se respira por todas partes y a todas horas, dentro de un buen año turístico con datos que han marcado cifras históricas durante el primer semestre y una tendencia que se mantiene. No hay más que ver, salga a la calle, intente pasear y lo notará allá por donde consiga abrirse camino. Este puente tiene a Salamanca que no se cabe y a la provincia también. La Virgen de agosto da mucho de sí y el milagro ha vuelto a producirse un año más, media provincia la celebra y la otra media se apunta a la celebración, lo que significa que toda la provincia está de fiesta. A España le ocurre lo mismo.

Los españoles somos muy dados a celebrar cualquier cosa siempre que se preste al lucimiento y al jolgorio, al puente si cuadran y suman los días para hacer las maletas y echarse a la carretera camino de donde sea, el caso es celebrar el acontecimiento y en eso estamos, que si la Virgen, que si San Roque. Que no falten motivos. Hasta ahora así ha sido.

Recuerdo los fastos por el Quinto Centenario del Descubrimiento. Nunca antes se había echado con tanto ímpetu la casa por la ventana como en el 92. América sólo se descubrió una vez, la efemérides lo merecía, no había razón para desperdiciar una oportunidad como aquella y se aprovechó, con tanto éxito que animó a la conmemoración de todo lo que se ponía por delante y, según fuese, se aplicaba el esplendor que el acontecimiento en concreto merecía, más o menos conforme al impacto que tuvo en la historia o a la influencia en la cultura, en el desarrollo, en la vida, en las costumbres, celebrándose como forma (en parte) de agradecimiento. Y desde entonces así vino siendo. A los actos conmemorativos del Descubrimiento le siguieron los del Tratado de Tordesillas, los del nacimiento de Carlos I, los de la muerte de Isabel La Católica... Como la historia no acabó aquí, entre muertes y nacimientos de quienes la fueron haciendo sobre la marcha, de forma heroica, las efemérides siguieron y a la vez las celebraciones mientras hubo memoria, hasta que una Ley hecha ad hoc puso en jaque la historia y freno a su recuerdo. Y qué mejor manera para no recordarla que prohibirla, silenciándola y no enseñándola para conseguir que se ignore todo aquello que la Ley estipula que no ocurrió o no ocurrió como nos enseñaron que fue, que es como fue, sino de manera muy distinta, incluso contraria, ahondando de este modo tan maquiavélico en la recuperación y puesta al día de la Leyenda Negra, que arrastramos como un lastre allá por donde la historia va y nos lleva.

En lo que va de año varios acontecimientos de enorme trascendencia histórica que cumplen centenarios han pasado o están pasando sin pena ni gloria. El resurgir con fuerza de la Leyenda Negra a rebufo de la Memoria Histórica los deja fuera del calendario al considerar políticamente incorrecto o no recomendable conmemorarlos. Caso de la llegada de Hernán Cortés a México por su enorme repercusión en la historia de la Conquista, o de la primera vuelta al mundo, iniciada por Magallanes y completada por Elcano, una gesta de inmenso mérito por sí misma, dada su enorme grandeza y su no menos trascendencia por lo que supuso para el desarrollo posterior, al marcar un antes y un después en el concepto que se tenía del planeta, abriéndolo entonces a incalculables posibilidades.

Para estos que abominan de la historia, de la suya, que es la nuestra, y nada quieren saber de ella más que para avergonzarse, rasgarse las vestiduras y pedir perdón, América se descubrió sólo una vez, por lo que entienden (aunque con muchos reparos) aquella conmemoración, pero vueltas al mundo..., llevamos ya ni se sabe cuántas. Además, aquello ocurrió hace siglos y lo trascendental para la vida es lo que ocurre hoy y hoy están todos de puente.