29 marzo 2020
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De leones a tiernos corderos

16 feb 2020 / 03:00 H.

Para valorar el grado de servilismo y sumisión al que han llegado los barones del Partido Sanchista veinte meses después del asalto a La Moncloa basta con escuchar a la antaño figura más crítica con el Doctor No, la en su día valiente defensora de la España constitucional Susana Díaz, convertida ahora en miembro honorífico de la corte de aduladores del Ser Supremo. A la secretaria general del PSOE andaluz ya no la conoce ni la madre que la parió, que diría Alfonso Guerra. Quienes hayan seguido su trayectoria de firme roca contra el avance del secesionismo catalán y vasco no darán crédito a sus ojos cuando ven a la sevillana genuflexa ante las políticas profundamente antipatrióticas de Pedro Sánchez.

Porque podríamos entender que tanto Susana como otros leones socialistas, convertidos ahora en tiernos corderos, quedasen mudos y paralíticos por el miedo a ser depurados en una formación donde no se admite la menor discrepancia, y ese pavor les llevase a esconder la cabeza ante la traición a España en la que se ha instalado el inquilino de La Moncloa desde que la amalgama de comunistas, golpistas, separatistas y filoetarras le auparon al poder. Pero es que los barones han pasado de las críticas veladas y el silencio con el que acogieron la investidura hace cuarenta días al elogio y la lisonja sin vergüenza ni reparo donde chapotean en la actualidad.

Basta escuchar a Susana asegurar que este Gobierno sociocomunista con apoyos del golpismo catalán y el separatismo vasco “tiene el consenso y el diálogo como señas de identidad” y que esta cuarentena a la que Sánchez ha sometido a la democracia, las instituciones y la unidad de España es algo, según a la lideresa andaluza, “muy positivo para la gente por sus medidas sociales, la subida del salario mínimo y las pensiones, la Ley de Eutanasia, o la mesa de diálogo con el campo”.

Es como si Susana hubiera dejado de vivir en Andalucía y hubiera ascendido al Cielo de Pablo Iglesias. Si viviera en Andalucía, vería cómo la subida del salario ha acabado con la paciencia de sus agricultores y ganaderos, a quienes este Gobierno no ha hecho otra cosa que atacar, insultar y dar plantones a sus representantes. Como si los agricultores fueran a comer este año de la mesa del diálogo abierta por Sánchez, que se pirra por las mesas y trata igual las justas reivindicaciones de las organizaciones agrarias que las exigencias inconstitucionales de los separatistas. Con la diferencia de que para las primeras no tiene soluciones y a los segundos llega cargado de concesiones.

Barrida la oposición interna en el Partido Sanchista (antes PSOE), solo nos queda la esperanza de que el centro derecha comience a espabilar, porque de lo contrario nada salvará a este país del desastre económico y social. Produce un cierto ánimo comprobar los primeros tímidos intentos de acuerdo entre PP y Ciudadanos, acercamiento que probablemente no fragüe en pactos electorales, pero que tiene la virtud de plantear por primera vez un frente común ante la apisonadora de la izquierda echada al monte.

En todo caso, la extensión del éxito electoral de Navarra Suma a Cataluña, País Vasco y Galicia es tan solo una quimera. En las dos regiones dominadas por golpistas y separatistas los resultados no van a cambiar en absoluto porque populares y naranjas se presenten unidos. Aunque pudieran sacar algún escaño más, resultaría irrelevante. En las autonómicas gallegas, en cambio, sí existe una posibilidad de que los pocos votos de Ciudadanos pudieran ayudar a amarrar la mayoría absoluta de Núñez Feijóo, pero el presidente en funciones no quiere saber de otra cosa que no sea admitir algún nombre en sus listas, sin tocar las siglas. Una jugada comprensible, porque lleva cuatro victorias absolutas, pero peligrosa. Como pierda la mayoría por un puñado de papeletas... se acabó Feijóo.