17 octubre 2019
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De Cobaleda al Popular

22 jun 2019 / 03:00 H.

Con la integración de la plataforma digital del Banco Popular en la de su matriz, el Banco Santander —que compró la entidad por un 1 euro hace dos años, evitando así su quiebra in extremis—, esta semana, el lunes 17 de junio, la que fuera una de las grandes entidades financieras españolas pasaba definitivamente a ser historia. Adiós al Banco Popular Español, adiós al Banco Popular, pues por el camino había perdido el “Español” al no ser, imagino, ni política ni comercialmente correcto para sus gestores y publicistas ...

Con el Popular, que fuera sexto banco de España y con una diversificación regional modelo, pues estaba muy próximo a sus clientes (la red la componían los bancos de Vasconia, Balear, Galicia, Andalucía y Castilla), se cerraba también para nosotros, los salmantinos, una gran parte de nuestra rica historia financiera (Banco Coca —absorbido por Banesto en 1978—, Castilla y Caja Duero).

Unos años antes, Ángel Ron, un hombre que había sido nombrado presidente Ejecutivo con la bisoñez de sólo 40 años para tan alta responsabilidad, desmanteló la joya de la corona del Banco Popular Español, su red regional, y con ella nuestro Banco de Castilla, heredero de la banca Matías Blanco Cobaleda (operó hasta 1957), posteriormente Banco de Salamanca (activo hasta 1972), y cuya sede central estuvo en Salamanca, en su moderno edificio de la Plaza de Los Bandos, en cuyos bajos aún hoy existe la que ha sido oficina principal del Popular, “la OP”, en la que ayer mismo ya lucía la imagen del Santander. El Castilla, nuestro Castilla insisto, fuertemente implantado en nuestra región, llegó a contar con cerca de 300 oficinas hasta su liquidación en 2008 por el “moderno” Ron y su idea de banca suicida...

Algún día nos acordaremos (ya lo lamentamos) de cuando la banca fue humana y cercana... Hoy la banca es un campo de minas y sus empleados... ¡nosotros!

Y así se escribe una larga historia financiera, cerrada en negro para Salamanca, que tras sus grandes nombres y números bancarios ha acabado en el más completo de los fiascos. No podemos olvidar la pérdida de otro gran tesoro charro como la Caja de Ahorros de Salamanca, Caja Duero —hoy Unicaja Banco—, víctima de los oscuros intereses y tejemanejes políticos, sociales y sindicales, y de la desastrosa y temeraria gestión de Julio Fermoso, un hombre al que imagino disfrutando de su dorado retiro ajeno a toda responsabilidad.

Es nuestra gran tara, como españoles, como salmantinos, la capacidad de que por mucho que pase, nunca pase nada... Bueno sí, el olvido.