22 junio 2019
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De Caperucita a la Celestina

15 abr 2019 / 03:00 H.
Paco Novelty
Escaramuzas

Como la imbecilidad humana parece no tener límite, ahora lo que priva es cuestionar la corrección política de los cuentos infantiles, hasta tal punto que en la escuela pública de Táber, provincia de Barcelona, según el diario El País, un autotitulado Comité de Madres, ha decidido expurgar la biblioteca del centro y con mucho más furor que cuando entre el cura y el ama le quemaron a don Quijote casi todos los libros, han propuesto barrer de las estanterías de la escuela doscientos cuentos reos de machismo, o bien porque los papeles que en ellos juegan las mujeres son secundarios, o porque los personajes hacen comentarios sexistas o rematan con finales de escasa felicidad para las mujeres.

Con tales argumentos se han cepillado del catálogo a Caperucita Roja, Blanca Nieves e incluso la Leyenda de San Jordi, el patrón de Cataluña, el que lanceó al dragón, que ahora se pretende reescribir subiendo al caballo A Santa Jordina y sin rajar al monstruo, que no dejan de ser un animal y los animalistas lo quieren intocable, por mucho fuego infernal que expida por sus fauces.

La gilipollez del expurgo tiene parecidos argumentos a los que exigen que se pida perdón por remotas guerras y pillajes coloniales, pero lo que aquí se pretende es la reescritura de los cuentos infantiles para no dañar los oídos de los niños y mantenerlos educados en el colorido mundo de las gominolas.

Finales felices, protagonistas paritarios y animales protegidos entre algodones en paisajes ídilicos, ajenos a la realidad.

Como si la literatura no fuera un ejercicio de transgresión permanente. El arriesgado trabajo de forzar a pluma las costuras de la vida para retratar nuestra sociedad, tan injusta y competitiva.

Porque de llevar esta pedagogía tributaria de Disneylandia a sus extremos, habrá que buscar otros finales a Ana Karenina, Madame Bovary y la Regenta de Clarín.

Por no decir nada de nuestra Celestina, entre ramera y casamentera, que sin embargo da orgullosa su nombre a la altiva peña que domina la ciudad.

Esperemos que no se lo quiten para dárselo a Sor Lucía.