09 agosto 2020
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Cumpleaños feliz

06 dic 2019 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

Hoy es fiesta, y lo es para celebrar los cuarenta y un años de la Constitución. Felicidades. Otra cosa es que le pongamos música a la letra, cosa que no creo sea lo más acertado, desentonaría, porque si bien es cierto que la Constitución se lo merece, el ambiente reinante no es el más propicio para sobrepasarse, es decir, para ir más allá de lo mínimo que manda la sana costumbre de desearle (en este caso a la cumpleañera) que tenga su día en paz, que no es poco querer viendo como está el patio.

Nadie duda de que la Constitución no está pasando por su mejor momento, es algo que salta a los sentidos, se palpa en el aire, aquel momento quedó atrás hace ya tanto tiempo que nadie se acuerda de cuándo fue. Sin embargo tampoco nadie la olvida y hoy estará tan presente en todos como siempre lo ha estado, para bien o para mal, centrando la atención de seguidores y detractores porque, guste o no, la Constitución existe y todos sin excepción le deben más que algo, incluso aquellos que la desprecian le deben a ella el hecho en sí de poderla despreciar, detalle suficiente para, al menos, tenerla en consideración. Pues ni eso.

Hoy es su día y numerosos actos (aparentemente solemnes) se están celebrando para festejarla, qué menos después de posibilitarnos cuarenta y un años de estabilidad política, de libertad, de prosperidad, tanta como nunca antes tuvo España en su larguísima historia.

Cuarenta y un años no son muchos, pero sí suficientes para que comience a sufrir sus primeros achaques. El tiempo pasa, afecta a todo, todo cambia y todo ha de adecuarse a los cambios para ponerse al día y, como todo, también la Constitución, necesitando por ello un retoque quirúrgico que le devuelva lozanía y la mantenga en forma. Pero una cosa es esto y otra muy distinta es tratar de aplicarle la eutanasia, que es lo que intentan, y en ello andan, desde ese importante sector que forman la extrema izquierda, separatistas y golpistas, filoetarras, antisistemas y demás ralea, que suman entre todos un número muy considerable de influyentes, sector en el que Sánchez busca sus alianzas para seguir gobernando.

Diariamente se ven y se viven situaciones que ponen de manifiesto un ostentoso desprecio por la Constitución. Aparte del ejemplo permanente de Cataluña, que no es necesario detallar, y de los toques puntuales con los que desde el País Vasco evidencian sus inequívocos deseos e irrenunciables intenciones, como el de la imposición a Sánchez de un nuevo estatuto de Guernika que no hay por dónde cogerlo a cambio de imagínense qué, destaca el aviso que momentos antes de que comenzase la XIV Sesión Constitutiva de las Cortes, celebrada el pasado martes, hizo la presidenta, Meritxel Batet, de que no exigiría a los diputados que sus juramentos o promesas fueran constitucionales. O sea, que les daba carta blanca para que cada cual jurase o prometiese por y como le diese la gana. El show parlamentario no defraudó, dio de sí todo lo que se temía y mucho más.

Ocurrió lo esperado, hubo juramentos y promesas para todos los gustos: “Por España” y “por la Constitución”, sí, pero también “por lealtad al mandato democrático del 1-O”, “por los presos políticos”, “por las clases trabajadoras”, “por imperativo legal hasta la creación de la república vasca”, “por y para exigir el equilibrio territorial recogido en los artículos 138 y 139 y evitar que tengamos una España vaciada”, “por el amor frente al odio”, “por las trece rosas”..., en fin, por lo que a cada cual se le ocurrió, jurando o prometiendo como si para ellos no existiera la Constitución en aquel solemne momento pero, eso sí, con permiso de la presidenta Batet pese a que el artículo 4 del Reglamento del Congreso exige a los diputados que juren o prometan acatar la Constitución, y el acatamiento conlleva su respeto y su aceptación íntegra. No fue así, actitud que por teatralizarse en tiempo tan cercano a la fecha de su aniversario, mayor relevancia adquiría el desprecio manifestado hacia ella.

La Constitución ahí está para que (demostrado quedó) cada cual la interprete a su antojo y haga con ella lo que le pida el cuerpo. Hoy es su día. Larga vida y feliz cumpleaños.