22 septiembre 2019
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Cuando ya no queden médicos

12 sep 2019 / 03:00 H.
Javier Hernández
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Con todos ustedes, la primera gran polémica de Verónica Casado al frente de la Consejería de Sanidad: los consultorios de pueblo que podrían ser atendidos por el personal de Enfermería. Sin médico delante.

La consejera compareció hace unos días y realizó un análisis sobre la situación de la sanidad en Castilla y León que fue francamente bueno. Puede que a la hora de exponerlo se atropellara un poco por falta de tiempo, pero tiró de números que son irrefutables y dejó dos conclusiones bastante claras.

La primera conclusión es que el número de médicos de familia que actualmente tiene trabajo en Castilla y León no está del todo mal. La ratio de habitantes por cada médico es óptima, al menos si estuvieran bien repartidos.

El problema llega cuando uno de esos médicos -y basta con que falle solo uno- no puede ir a trabajar. No hay sustitutos, así que toca obrar el milagro de los panes y los peces en versión Sacyl: que un profesional haga el trabajo de dos. O de tres... Y hasta hace bien poco, sin cobrarlo.

La segunda conclusión es que el panorama va a ir peor. A bastante peor. En cinco años se jubilarán la mitad de los médicos de familia de Salamanca y no da tiempo a formar a nuevos profesionales para sustituir a todos los que lo dejan. Quiere decir que durante un periodo de 5 a 10 años lo vamos a pasar mal. No va a haber médicos suficientes -ni por asomo- para seguir atendiendo los miles de consultorios y centros de salud que hay repartidos por Castilla y León.

Ahora llega lo productivo del debate: el momento de proponer soluciones. ¿Qué haría usted durante los próximos años con los médicos que nos queden? Vamos a dejar a un lado la política y atrevámonos a poner ideas sobre la mesa. Sin miedo a ser criticados.

Hay tres grandes corrientes de opinión en la Comunidad. La primera es la de la consejera: como no hay médicos para seguir yendo cada semana a todos los consultorios, vamos a darle más protagonismo a la Enfermería. Se trata de que las enfermeras -y enfermeros, perdón- hagan lo que les corresponde y que, casualmente, es lo que más demandan los pacientes: cuidados, estabilización, tensión, supervisión de tratamientos, etc.

La segunda gran corriente defiende que la consejera ha tenido miedo a alcaldes, mareas blancas y partidos de la oposición y por eso no ha ido al grano. ¿Y cuál es el grano según ellos? Reorganizar la Atención Primaria ciñéndose a las normas mínimas de funcionamiento de los equipos de Primaria en Castilla y León. Es decir, si la ley dice que a los municipios de menos de 100 habitantes el médico solo tiene que acudir a demanda -cuando un paciente lo reclama-, no puede ser que, por sistema, estén visitando ese pueblo hasta dos y tres veces por semana. No al menos mientras duren las vacas flacas. Luego podríamos volver a la situación actual.

Y todavía queda una tercera corriente de opinión, que es la populista: la que se pone una venda en los ojos, un tapón en los oídos y su única intención es hacer oposición, pero sin proponer nada coherente. “Que todo siga igual”, piden, pero no explican de dónde van a salir los médicos ni cómo se les va a pagar.

Mi sensación es que lo que propone la Consejería de Sanidad es prácticamente lo mismo que lo que sugieren los sindicatos y los colegios médicos, pero en distintas fases de desarrollo.

Ambos están de acuerdo en que no será posible seguir yendo dos o tres veces por semana a un consultorio de pueblo con 60 habitantes. Coinciden en que el médico tendría que ir cuando realmente sea reclamado. La diferencia es que Sacyl parece estar mirando un poco más allá y ya plantea un escenario para que esos consultorios no queden completamente vacíos cuando no haya facultativos suficientes.

No es una curación para el problema de la Comunidad, pero es una venda. Dicho de otro modo: no son médicos, pero son enfermeros.