06 agosto 2020
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Crónica de un viaje

09 mar 2020 / 03:00 H.
Isabel Bernardo Fernández
Esto son lentejas

Se quiere solo lo que se conoce; y cuanto más y mejor se conoce, más se quiere». Estas fueron las palabras que pronunció, con voz rotunda y emocionado a la vez, el historiador Francisco Javier Blázquez la tarde del pasado sábado en Valladolid. Y Salamanca se fundió así en un abrazo feliz y sincero con los vallisoletanos. De esos abrazos sin aversiones ni paparruchas de pueblo, que solo traen hostilidad y confrontación.

Por primera vez en la historia de la Semana Santa de Salamanca, esta se pregonó junto al Pisuerga. A la puerta del teatro del Centro Cívico “Bailarín Vicente Escudero”, la Agrupación Musical Cristo Yacente, en jovial regocijo, afinaba los instrumentos. Más de setenta personas que consiguieron conquistar con temas semanasanteros el corazón pucelano. ¡Qué alegría de juventud! -decían los de Valladolid-, y el más de un centenar de salmantinos que allí había, gritamos hurras y vivas al unísono, a Salamanca y a Valladolid; felicitándonos sin miedo a ese “bicho malo” que nos hace huir de cariños y abrazos, porque el “bicho malo” lo único que quiere es convertirnos a todos en perros sarnosos.

La culpa de tanta felicidad la tuvo Mariluz Blanco. Una charra de Retortillo que lleva viviendo en Valladolid cincuenta años, y que hoy preside la Casa Charra, por eso de saber sumar el amor de su terruño al de su ciudad de acogida. Y para que tanta fortuna se hiciera redonda, la Junta de Castilla y León estuvo representada por su director general de Comunicación, Julio López Revuelta. Uno de los mejores altavoces que tiene Salamanca para que esta se mantenga en voz en el foro de nuestra Comunidad. Y también allí la Diputación de Valladolid, con su portavoz socialista Francisco Ferreira Cunquero. Uno de esos hijos del Cristo del Amor y de la Paz que, allá donde va, pone a desfilar la más bella estampa del arrabal del Tormes. ¡Cuánta Salamanca para querer a Salamanca! Tenía razón el pregonero Javier Blázquez. Solo hace falta conocerse y quererse. Todo lo demás, después llega solo.