20 julio 2019
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Con urnas a porfía

10 mar 2019 / 03:00 H.
Román Álvarez
Churras y merinas

La Introducción a los “Cuentos de Canterbury”, una de las grandes obras de la literatura inglesa, describe Chaucer el estado de la naturaleza cuando los dulces chubascos penetran en la tierra reseca de marzo, vivifican las raíces de las plantas y con su savia regeneradora hacen brotar las flores. En esa época del año todo despierta al arrullo de los delicados alientos del céfiro. Las avecillas, por su parte, comienzan a sentir los impulsos del inminente apareamiento, y así lo expresan con zureos, trinos y gorjeos. Es, pues, el momento adecuado para que las gentes se sacudan la modorra del invierno y, con espíritu diligente, peregrinen hacia devotas tierras y sacros lugares en general.

Podría servir de metáfora para los meses electorales que se avecinan, si bien en este caso la peregrinación finaliza en el santuario de las urnas. Abril, el mes cruel de “La tierra baldía” de Eliot, con o sin chubascos, concluirá electoralmente engalanado en su último domingo. Previamente habremos oído hasta la saciedad los cantos de sirenas, arrumacos y encelamientos de quienes pretenden convencernos de que con ellos en las papeletas, pan y cebolla. Como en los atolondrados enamoriscamientos de adolescentes. Lo curioso del asunto es que parte de la campaña de las elecciones generales va a coincidir con la Semana Santa, y pueden producirse colisiones entre los intereses de procesiones y cofrades y los candidatos mitineros. Pudiera darse el caso de que fueran las mismas personas. Y entre el porrompompón de los tambores y los tararís de las cornetas, los procesionantes discurrirán al pausado ritmo de sus artísticos pasos por calles adornadas con pasquines y eslóganes electorales. Intereses contrapuestos, me temo. Una forma de conjugarlos sería interpolar propaganda electoral en las letras y en la lastimera quejumbre de las saetas.

Mayo florido será testigo del despertar de la segunda tanda de campañas electorales, de los renovados instintos de apareamiento, de las berreas de los aspirantes a parlamentarios europeos, a ministrillos regionales en pos de pesebres autonómicos, a ediles y alcaldables. Piñata para los elegidos y penalización para los tránsfugas. Plena temporada de celo electoralista es la que nos aguarda de nuevo en mayo con flores a porfía, con políticos en tropel, exultantes haciendo surf en la cresta de la ola. Incluso aquellos a los que les falta un hervor o les sobra cara dura.

Decía el poeta Rafael Cadenas a propósito de Venezuela, que el ejercicio democrático no se manifiesta solamente en las urnas; que la democracia es algo muy frágil y debe ejercitarse en todos los actos cotidianos. Nosotros, por fortuna, tenemos urnas y garantías de limpieza en las votaciones, algo que hoy por hoy echarán de menos los venezolanos de bien.