20 mayo 2019
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Con pinzas

15 may 2019 / 03:00 H.
Santiago Juanes
El bestiario

La Plaza de San Isidro está entre mis enclaves salmantinos favoritos, sin que parezca nada del otro jueves. Sobre todo, me gusta ver el trajín de estudiantes y profesores que suben y bajan por Serranos hacia Ciencias o Geografía e Historia, o el panaché de universitarios y turistas entrando y saliendo de Libreros. Esa Plaza de San Isidro dio a luz a este periódico en las vísperas de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, a quien Unamuno despreciaba más que al rey, incluso; ambos le lanzaron al exilio canario y francés en 1924, y durante un tiempo dejó de pasear por ella para ir a la Casa Rectoral. LA GACETA fue alumbrada en la iglesia de San Isidro, que en realidad tendría que ser de San Isidoro, estuvo a punto de echarse a perder y hoy es aulario de la Universidad. Allí me curré unos cuántos exámenes de Derecho. A espaldas de la iglesia hay una calle de la Fe, cuyo nombre atribuyo a la que llevaban los estudiantes que iban a la Estafeta a buscar el giro postal paterno, aunque la historia dirá otra cosa. La calle de Francisco de Vitoria, con entrada o salida de San Isidro, fue calle de la Estafeta y albergó la ermita del Cristo de la Estafeta, muy venerado por los estudiantes, como digo. Esta plaza isidril fue estación de autobuses y hay fotografías de paisanos de la provincia esperando la salida o llegada de uno. Y fue también andén para los pavitos que cursaban para curas en la Compañía, entre ellos algunos que llegaron a autoridades eclesiásticas y otros que colgaron la sotana del muro que separaba su mundo de la calle de Serranos. Una plaza por la que pasaba para acudir al cine del CEA a ver películas de arte y ensayo, o sea, tostones. A mí lo que me gustaba era escuchar los juramentos del muy taurino Burrieza y la música del Hipopótamo o el Fuelle, en Traviesa. Pues eso, de aquellos despachos de San Isidro salieron las primeras ediciones de este diario que roza ya el centenario. Las siguientes, tres años después, lo harían de la calle de Padilleros. La tengo por una plaza especial, con sus bares, tiendas de discos de segunda mano y recuerdos turísticos y gastronómicos, sede de una histórica casa en la que muchos salmantinos se han vestido de charros y charras para una fotografía hecha casi siempre en septiembre. Una plaza, en cualquier caso, imprescindible, y con historias, como la del famoso cuadro de conversos salmantinos, perseguido hasta acabar en la hoguera. El cuadro.

San Isidro era siervo mozárabe y marido de María Toribia, que terminó siendo Santa María de la Cabeza. La realidad de todo ello hay que cogerla con pinzas igual que la sanidad que acaba de dibujar un informe presentado por Santiago Santa Cruz, presidente del Colegio de Médicos. Si mal están los enfermos, los médicos también tienen lo suyo. La cuarta parte se va a jubilar sin reposición segura, y del resto, una parte vive en la precariedad laboral. Voy a hacer todo lo posible para no enfermar y si lo hago, que sea en la ciudad y de algo que cuente con especialista disponible. Es así, como se lo cuento. Con pinzas, decía, como un viejo pergamino sacado de las orillas del Mar Muerto o las promesas electorales. Las elecciones se ganan hablando con la gente, me ha dicho Demetrio Madrid, cuando le he preguntado por ese afán de extrapolar los datos de las generales y los vientos a favor o en contra. El voto, para que te lo den, tienes que pedirlo. Y a veces se olvida. El martes que viene se anuncia en los carteles a Pablo Iglesias, que en otras condiciones pasaría desapercibido en la Plaza de San Isidro, santo del campo, aunque los del agro suelen encomendarse más a nuestra señora de la PAC, y santo que podría haber vivido en Mozárbez o Mozarbitos por su condición mozárabe.