03 abril 2020
  • Hola

Con otros ojos

18 dic 2019 / 03:00 H.
Santiago Juanes
El bestiario

Salamanca debe presumir de haber tenido y de tener una relación de fotógrafos excelentes. Desde los más clásicos, Ansede y Gombau, a sus sucesores, Felipe Torres, José Núñez Larraz, el propio “Candy”, tantos años fotógrafo oficial de la Universidad de Salamanca, Salvador Polo o Ángel “Cannon”, inolvidables gráficos de la prensa; como inolvidable debe ser en el ambiente fotográfico salmantino Hilario Muñoz, maestro e impulsor del asociacionismo de gráficos, como también INICE, al que estuvo tantos años unido Federico Chico, “Fede”, uno de los asistentes el lunes en el Aula Salinas a la presentación de “Universitas Studii Salamantini: Escuelas Mayores y Fachada”, que es una obra maestra de la fotografía. Una publicación del Centro de Estudios Salmantinos con 337 imágenes del edificio histórico de la Universidad de Salamanca realizadas desde observatorios inverosímiles por Vicente Sierra Puparelli, sin duda el fotógrafo salmantino de referencia en estos momentos. El espacio monumental universitario como nunca se ha visto y con detalles que a simple vista ni se ven ni se encuentran. Esos detalles que hay que saber que están ahí para cazarlos, y en esto don Julián Álvarez Villar fue un guía espléndido de Vicente, que tanto ha aprendido de investigadores universitarios salmantinos, a los que ha puesto a su disposición su espectacular archivo monumental.

La presentación del libro y el ingreso de su autor en el Centro de Estudios Salmantinos fue un momento único y emocionante por lo que vimos y sentimos. Por allí desfilaron las ocho calaveras o muertes, las 153 ranas, los efectos del vandalismo que no perdonó desde el siglo XIX la fachada –incluida la propia rana—inscripciones llenas de misterio, incluida la firma de su posible autor, detalles a los que no prestamos atención, sellos y escudos bellísimos, artesonados, crucerías...un paseo, o mejor un vuelo, en palabras de su autor por este monumento único, que cierra un año espléndido para el Centro de Estudios Salmantinos, que estrenó sede exenta (la Torre del Clavero) y luce la Medalla de Oro de la Ciudad, como recordó la presidenta, María Jesús Mancho Duque. Un cierre de año, previo al almuerzo navideño, al que asistieron artistas como Luis de Horna –con cámara fotográfica—o Andrés Alén; veteranos del CES, como Ricardo Martín Valls o Antonio Casaseca; el expresidente, Jesús Málaga, o Rosa Lorenzo, Mari Nieves Rupérez Almajano, Román Sánchez, Josefina Cuesta, Miguel García-Figuerola, Isabel Bernardo, José Luis Yuste...Una cita que tenía algo de reconocimiento a esa relación de espléndidos fotógrafos salmantinos de ayer y de hoy, que fueron modelo para Vicente, o son discípulos suyos, y cuya mención llenaría de negritas esta crónica. Y una cita que nos ha hecho mirar a la Universidad de Salamanca con otros ojos más detallistas, más abiertos, menos apresurados.

Nunca sé qué refrán aplicar: si el que anuncia que Santa Lucía, que ya fue, iguala la noche con el día, o el que asegura que tal cosa ocurre el seis de enero con ese “por Reyes se igualan los reyes”. El caso es que pasó Santa Lucía y se nos llama a un aluvión de conciertos corales –todos bajo techo, ninguno en la calle, como tiempo atrás—que forman la banda sonora de este tiempo de Navidad, a una semana de su fecha clave.