23 octubre 2020
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Como en botica

    No ganamos para pulgas, como los perros flacos. La despoblación nos puede llevar de golpe al siglo XIX, cuando abrió sus puertas la botica más antigua de Salamanca, la de Ortiz de Urbina, en la Plaza Mayor, apellido que reúne al fundador, Jerónimo Ortiz de Urbina, y a sus sucesores, Juan y dos Manueles. La farmacia se inauguró, según crónicas de la época, el 13 de septiembre de 1896, acaba de cumplir 124 años, ocupando un local que fue una famosa pastelería, la de las “Guapas”, que regentaba Emilio García Calama. Este apellido, Calama, estuvo muy presente en la Salamanca de principios del siglo pasado. Hoy tenemos 256 oficinas de Farmacia, de las que 85 están en la capital y el resto en la provincia. Si la de Urbina luce su historia en maderas talladas y botes de época, otro tanto hacía la de “La Bola”, en Béjar, que hoy pueden verse en el museo de Valeriano Salas, donde depositó ese patrimonio María Florencia Agero Fernández, segura de que su padre, Agero Teixidor, así lo hubiese querido.

    Las farmacias o boticas de antes despachaban medicinas, pero también las hacían: cada una era un laboratorio y hubo en Salamanca laboratorios importantes como el Victoria, Fénix, Perpetuo Socorro, Coca... igual que la historia nos ha dejado ilustres apellidos farmacéuticos. Actualmente, una mujer, María Engracia Pérez Palomero, preside el Colegio de Farmacéuticos, lo cual empatiza con los tiempos, donde hay más farmacéuticas que farmacéuticos en correspondencia como lo que se ve en las aulas de la Facultad, de donde ha salido una asociación de estudiantes de farmacia. También tiene que ver con tiempos más remotos en los que ellas sabían de plantas y preparados para curar y los aplicaban, como se explica en el histórico “Manual de Mugeres”, que se guarda en la Biblioteca Histórica de la Universidad de Salamanca: polvo para aclarar las lágrimas, para la flaqueza del corazón, remedio para las muelas, ungüento para la tiña... todo ello mezclado con recetas para hacer los chorizos, bizcochos o buñuelos, por ejemplo. Más adelante, médicos y barberos se confundían. Celestina mezclaba oficios en su cueva de Tenerías y cuando la imagino veo a Terélez Pávez y a nuestra Charo López, que tendrá Espiga de Honor en la Seminci de este año, donde coincidirá con una casi paisana, Isabel Coixet. Un festival que ya rindió homenaje al director peñarandino Antonio Hernández y al también salmantino José Luis García Sánchez, aplaudió a Gabriel Velázquez e Isabel de Ocampo, y recuerda con devoción a Juan Antonio Pérez-Millán, por ejemplo. Estoy seguro de que una parte de los remedios de Celestina llevaban vino, que fue uno de los medicamentos más recurrentes de aquellos tiempos. El vino, se decía, todo lo cura.

    El caso es que hoy es el Día del Farmacéutico (felicidades al gremio) y en qué tiempos. Hace nada peregrinábamos a la farmacia como almas en pena necesitados de mascarillas e hidrogeles con enorme desesperación porque no había, y vaya usted a saber qué iremos buscando a la farmacia en poco tiempo: quizás test rápidos de covid19 o pastillas contra él, incluso vacunas, se me ocurre, pero quién sabe. El caso es que seguro que sea lo que sea lo encontraremos, haciendo bueno aquello de que “hay de todo como en botica”.

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