30 septiembre 2020
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Comienza la verbena

27 ene 2020 / 03:00 H.
Pablo Montes
Sin tapujos

Vine para quedarme y no me echa nadie”. Las palabras del desacreditado, negligente y mentiroso ministro de Fomento, José Luis Ábalos, resumen el espíritu de este Gobierno social comunista. No se van a marchar ni con agua caliente. Tienen una oportunidad histórica de viajar en el tiempo a épocas ya superadas y hasta que no lo consigan no van a parar. A esta caterva se le puede aplicar la histórica frase de Alfonso Guerra: “A España no la va a conocer ni la madre que la parió”. Pero ni la madre, ni los hermanos, ni los primos. Muchos ya hemos asumido que lo que nos espera será lo más parecido a una continua verbena. Y el ínclito José Luis Ábalos ha sido el primero en abrir el telón. Al hijo del torero ‘Carbonerito’, que ahora reniega de la Fiesta, hay que reconocerle su fidelidad. Al contrario de lo que ha sucedido con otros socialistas, llámese Fernando Pablos, que se acostaron ‘susanistas’ y se levantaron ‘sanchistas’, el valenciano se mantuvo siempre al lado de su querido líder. Por eso recibió el premio de un Ministerio en el que, en otras condiciones, solo podría ejercer de ujier. Los incapaces con poder son los más peligrosos. Son pirómanos en una tienda de cerillas. Por eso Ábalos, en cuanto ha tenido oportunidad, ha provocado la primera grave crisis del Gobierno de coalición.

La reunión secreta y negada con la número dos del genocida Maduro es, además de ilegal, un insulto a los venezolanos que han huido de aquel infierno. Para una vez que la UE está en su sitio reconociendo a Juan Guaidó como legítimo presidente y vetando la entrada en Europa de los criminales chavistas, va Ábalos y se pasa la diplomacia por el arco del triunfo. Desconozco si ha ejercido como tonto útil o su preocupante inutilidad ha sido la causante de semejante desaguisado. Pero lo cierto es que se tiene que marchar más pronto que tarde. Primero por permitir que esa mamporrera de Maduro, Delcy Rodríguez, pisara suelo español cuando lo tiene terminantemente prohibido. Y segundo por mentir, mentir y volver a mentir. Me recordó a José Manuel Soria cuando dio cuatro versiones de sus sociedades en paraísos fiscales. Ábalos ha engañado con total impunidad. Y eso, por mucho que la política haya bajado al fango, es intolerable. Un fulero y mendaz de este calibre no puede ejercer un cargo público. Es de todo punto incompatible. El problema es que todo vale. Si una sectaria que se pavoneaba de sus reuniones con el macarra de Villarejo y llamaba ‘maricón’ al ahora ministro del Interior puede ser premiada con la Fiscalía General del Estado, el listón no es que esté bajo, es que ya no existe. Nuestra democracia hace agua desde el momento en que la mentira no es un motivo para dimitir. “Vine para quedarme y no me echa nadie”. Más claro, agua.

El desprecio de Sánchez y los suyos a los venezolanos no solo se ha demostrado con el encuentro furtivo con la facinerosa de Delcy. Además se ha negado a recibir como se merece al presidente legítimo del país sudamericano. Da igual que fuera el propio Sánchez el que reconociera a Guaidó hace tan solo unos meses. La presencia del chavismo podemita en el Gobierno ha cambiado la perspectiva. Y ya sabemos que el jefe del Ejecutivo ha entrado en ese círculo vicioso que provoca la mentira. Digo una y no pasa nada. Digo tres, y a la semana se olvida. Ha empezado a vivir en la falsedad y hace de su capa un sayo.

En este asunto vemos una vez más del doble rasero de la izquierda. Esa que decoraba la fachada del Ayuntamiento de Madrid en la época de Carmena con la pancarta “Refugees welcome” y que ahora insulta a los que huyen de Maduro. Para ellos los sirios que escapan de la guerra son refugiados de primera y los venezolanos que lo dejan todo para abandonar el infierno chavista son de segunda o tercera.

La torpeza y la cobardía del Gobierno socialista son de una magnitud asombrosa. Con el régimen chavista contra las cuerdas va Sánchez y su bufón Ábalos a darle aire y legitimación internacional. O les paran los pies o la verbena acabará explotando por los aires.