27 febrero 2021
  • Hola

¡Caray con los vicepresidentes!

    Uno luce moño, el otro no tiene un pelo de tonto. Navegan por las antípodas ideológicas pero, conociendo el carácter de ambos, a buen seguro se tomarían unas cañas y discutirían de lo divino y, sobre todo, de lo humano en Madrid (porque, de momento, en Valladolid no se puede). Coinciden los dos en ofrecer llamativos titulares a los medios de comunicación. Son una mina. Y también en eclipsar a sus presidentes y, a la sazón, socios de Gobierno.

    El del moño se las pinta solo para echar pulsos un día sí y otro también a Pedro Sánchez. Y para ganarlos. Hasta la humillación. Que quiere estar presente en la comisión de control y reparto de los Fondos de la Unión Europea, sin problema. Que desea un decreto para aumentar el plazo de la prohibición de los desahucios, barra libre. Que le apetece viajar a Bolivia con ese íntimo amigo al que -según dice- tutea y al que regaló las primeras temporadas de “Juego de Tronos”, no se hable más. Que hay que vetar la asistencia del Rey a un acto con los jueces, lo que tú quieras corazón.

    El caso es que Pablo Iglesias amasa poder constantemente y se siente muy cómodo firmando unos Presupuestos Generales del Estado con los separatistas de ERC y los filoetarras de Bildu en ese claro camino que ha emprendido hacia la destrucción de la Transición Española y el allanamiento del terreno para el advenimiento de una utópica Tercera República. Que se ande con ojo el presidente. Sus anchas tragaderas terminarán pasándole factura. Al tiempo.

    El otro, al que no le gusta que le llamen “el sereno de Castilla y León”, por eso de que va cerrando bares por ahí -sin entrar en ellos, todo hay que decirlo-, parece más fiel a su jefe. En julio, cuando la primera ola de la pandemia del coronavirus remitía, demostraron su amor el uno por el otro. “Quiero agradecer al vicepresidente su compromiso total, su capacidad de trabajo, su energía y su apoyo personal en los momentos más duros”, dijo Mañueco. “Todos hemos sentido la lealtad, la amistad y el apoyo de unos y otros; tengo que agradecer la excelente relación y el compañerismo”, le respondió Igea. Dos tortolitos, vamos.

    Desde que comenzó la pandemia, allá por el mes de marzo, el protagonismo que ha adquirido el vicepresidentísimo ha sido espectacular. No sabemos si por estrategia (mejor que se queme este de Ciudadanos con este marrón...) o por razones más inconfesables, el presidente estuvo desaparecido hasta el punto de que los castellanos y leoneses se preguntaban dónde estaría Wally en unos momentos tan delicados.

    Y ya con la desescalada y la segunda ola, la omnipresencia a la hora de anunciar medidas
    -restrictivas la mayor de las veces, erráticas en ocasiones- ha convertido a Igea y a su fiel escudera Verónica Casado en los personajes del año en la Región.

    Sin embargo, parece que algo está cambiando en la Junta. La reunión que mantuvo el vicepresidente con los hosteleros hace ocho días resultó muy llamativa. Al término del encuentro, el presidente de Hostelería y Turismo de la Comunidad señaló que los representantes de la Junta les habían dicho que se olvidaran de poder abrir en el puente de la Constitución. Sin embargo, una hora después, Igea colgó un audio en la página web del gobierno regional -una curiosa forma de comunicar un hecho relevante- para anunciar que las provincias que redujeran su incidencia por debajo de los 400 casos por cada 100.000 habitantes podrían abrir sus bares y restaurantes a partir del día 4 de diciembre. Y a los dos días -donde dije digo, digo Diego- permitió la apertura hostelera en Ávila y Segovia. ¿Le estarán tirando de las orejas a Igea o seguirá marcando la pauta de esta crisis a golpe de rectificación? De momento, Mañueco comparece hoy a petición propia en las Cortes para hablar de la pandemia. A ver si dice algo más interesante que en sus últimas intervenciones en emisoras y televisiones y recupera el liderazgo. En su mano está.

    Mientras tanto, tenemos Iglesias e Igea para rato.

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