23 octubre 2021
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Capital

13 oct 2021 / 03:00 H.

    SÁNCHEZ no es el primero al que se le ocurre lo de mover de acá para allá las sedes de las instituciones del Estado y por experiencia sabemos en Castilla y León que tal iniciativa conlleva pelotazo. Como el del duque de Lerma, que compró media Valladolid a precio de ganga y después convenció a Felipe III para que trasladase la capital a orillas del Pisuerga, con la excusa del peligro de la peste. Valladolid fue fugaz capital de la corte entre el 1 de enero de 1601 y el 4 de marzo de 1606, el tiempo que tardó el duque en vender con generosas plusvalías esas propiedades y repetir la operación en Madrid, donde los precios de los inmuebles se habían desplomado al perder la capitalidad y volvió a comprar a precio de coste para vender de nuevo en cuanto regresó el séquito de nobles y funcionarios, que las crónicas calculan en unas 15.000 almas. En total, compró propiedades por valor de unos 80.000 maravedíes y vendió por unos 55 millones. Eso sí que es capital.

    Calculen lo que tendrán que arrastrarse los presidentes de las Comunidades Autónomas para garantizar que les caiga siquiera la pedrea de la descentralización. Calculen lo que los artistas del pelotazo deben estar dispuestos a pagar en Madrid por información privilegiada sobre las ubicaciones descentralizadas de las instituciones de nueva creación de las que habla ahora el gobierno. Con una deuda de más del 144% del PIB deberíamos estar cerrando instituciones, no creando otras nuevas, pero está claro que la medida servirá para repoblar los bolsillos de alguno, así que podemos darnos por descentralizados.

    No es mala cosa el repartir las instituciones por el territorio porque contribuye a su vertebración, pero solo si se hiciera con cabeza y honradez. Ese reparto tendría solo sentido, además, si el destino de los desplazados son las zonas más despobladas en detrimento de las más saturadas. No ha de temer Ayuso, porque mejoraría la calidad de vida en Madrid e igual hasta le dan resuelto el problema del elevado precio de los alquileres. Y no olvidemos que mucho más vertebra el territorio la descentralización de la ubicación de las empresas, motivo por el que nunca exigiremos suficientemente facilidades de inversión, extensión de conexiones de Internet, redes móviles y mejora de la calidad y la frecuencia de las comunicaciones. Por eso, si se ha de descentralizar, yo empezaría por pedir que la sede de Renfe se trasladase a Salamanca. Veríamos entonces si había trenes.

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