02 abril 2020
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Campo y política

17 feb 2020 / 03:00 H.
Paco Novelty
Escaramuzas

Se llenan estos días las calles y plazas de las ciudades de miles de tractores y gentes de la España vaciada, como dicen con tanta cursilería todos los políticos de turno, que pretenden sacar tajada electoral de una situación desoladora: la del campo, con sus precios ruinosos y su lenta agonía demográfica.

Aunque ahora las preocupaciones principales en los pueblos no son tanto que llueva para la sementera, o que amellicen las entrefinas, o que repongan los cebones en montanera. Porque los precios de todos esos productos en el mercado: canales de lechazo, arrobas de cochinos o tonelada de trigo candeal para las nuevas panaderías de masa madre, están estancados desde hace años y no parece que vayan a mejorar, por mucho que algunos echen la culpa de la ruina al Carrefour o al Mercadona.

No, ahora la preocupación del campo no es la proverbial sequía ni la paridera de las retintas, sino la Política Agraria Común, los dineros que nos llegan de Europa por sembrar, por dejar barbecho, por variar los cultivos o mantener las vacas nodrizas en las explotaciones de extensivo en nuestras dehesas de encinas y alcornoques. Y la pésima y última noticia es que quieren rebajar las subvenciones el 14% si nuestros políticos que las van a negociar no lo remedian a tiempo.

Porque si no fuera por tales subvenciones de la PAC, que llegan puntuales todos los años, el campo sería un erial desertizado, sin tractores rulando las siembras, ni cosechadoras veraniegas con su cola de bálago. Y nuestros pastos, sin ganados careando los majadales, un desastre medioambiental, tosco y montuno sin otra utilidad que convertirse en coto de caza para ricos alemanes.

Como hace mucho que el campo vive de las subvenciones de la PAC, solo pedimos al Gobierno que manden a Europa a negociarlas a alguien que sepa distinguir una viña de un olivo y no se crea que las oveja y vacas son mascotas domésticas para que los animalistas las protejan. Ese es el mejor y casi el único favor que los políticos de turno pueden hacer al campo. A ver...