26 enero 2022
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Bioética

08 dic 2021 / 03:00 H.

    HACE solo un par de años, ningún gobierno democrático occidental y garantista de los Derechos Humanos habría osado inclinarse siquiera a favor de la violación de alguno de los principios de la Bioética. En toda Europa, de hecho, se da una amplia identificación entre la ética profesional recogida en los códigos deontológicos médicos y el régimen disciplinario y de administración de justicia. Y universalmente son reconocidos como inviolables los cuatro principios de la Bioética: principio de no maleficencia, principio de beneficencia, principio de justicia y principio de autonomía. No me extenderé en los tres primeros porque creo que no es el caso, pero intuyo que estamos a punto de presenciar cómo se pisotea el principio de autonomía. Consiste en el derecho de las personas a la privacidad y autodeterminación en las decisiones médicas. Proviene del concepto de autonomía de Kant, basado en el hecho de que los agentes morales, que somos nosotros, tienen dignidad. Y su aplicación significa que no se puede aplicar tratamientos o procesos sin un consentimiento informado del paciente. Todo lo contrario de lo que supone la vacuna obligatoria, que está legislando ya Austria, pude ver la luz en Alemania y que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, desearía aplicar en toda Europa.

    Ya asistimos en España, la primera fase de la pandemia, a decisiones que violaban los derechos ciudadanos y suspendían de hecho la Constitución, sin que la obediente población reaccionase. El Tribunal Constitucional ha ido poniendo en su sitio esas medidas, como no podía ser de otra forma, pero quizá esta vez podríamos reaccionar antes de que se vulneren nuestros derechos, para variar. Y eso no significa estar en contra de las vacunas. Nada que ver. Significa estar en contra de otorgar al Estado, o peor aún, al poder ejecutivo de turno, derecho de potestad y soberanía sobre el propio cuerpo.

    Ya sé que es injusto que paguen vacunados por pecadores. Por supuesto que es necesario alcanzar unas tasas de vacunación suficientes para que el coronavirus pase de su estado pandémico a ser una enfermedad endémica. Pero legislar la vacuna obligatoria supone un precedente irrevocable de un nuevo concepto de sociedad de la que habíamos logrados librarnos y que pone los pelos de punta. ¿Dónde están los expertos en Bioética? ¿Por qué no nos aportan su opinión documentada al respecto? ¿Qué tratamiento obligatorio puede venir detrás de la vacuna? No nos engañemos, el poder devora voluntades y cualquier gobierno encontrará siempre una buena excusa, una razón de peso, para revocar las libertades ciudadanas y tomar la deriva autoritaria.

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