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Ateridos de frío

Lunes, 10 de octubre 2022, 05:00

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Los que vivimos en una comunidad de vecinos y hemos asistido en las últimas semanas a la preceptiva junta estamos entre acongojados e indignados. El mensaje de los administradores de fincas te mete el frío en el cuerpo sin que las bajas temperaturas que se registran en estos lares hayan tocado todavía a la puerta. “Por una vez los medios de comunicación no exageran o incluso se quedan cortos”, apuntaba la administradora de mi edificio con respecto a la que se avecina este invierno. El escenario es poco menos que apocalíptico y si la pandilla que pulula en La Moncloa no toma medidas urgentes, se habla de calefacciones encendidas tan solo dos horas al día por el imparable incremento del gas.

El primer mandato de un Gobierno es garantizar el bienestar y la seguridad de sus ciudadanos. Y en estos momentos no está ocurriendo. A día de hoy, la ministra de la ‘Transición hacía no sabemos qué’ no ha anunciado la única medida aceptable: que las comunidades de vecinos se beneficien de la tarifa bonificada TUR. No caben medidas tintas. Ni planes de contingencia, ni rebajas intermedias, ni cantos de sirena. Un bloque de viviendas no puede ser considerado un gran consumidor porque en su interior hay pequeños consumidores, en su mayoría de clase media y baja. Mientras se les llena la boca diciendo que no van a dejar a nadie en la estacada, los días pasan y la incertidumbre aumenta. Las bajas temperaturas están a la vuelta de la esquina y los españolitos no podemos pagar las locuras del criminal Putin y la incompetencia de un Ejecutivo que está preocupado en otras historias.

Porque el problema es ese. Mientras se acerca un invierno en el que vamos a estar ateridos de frío, Sánchez está centrado en rescatar a los golpistas de ERC después del portazo que le han dado los golpistas al cuadrado de Junts. Mientras los gastos de comunidad de una vivienda puedan aumentar un 700% por el incremento del gas, Sánchez y su pantagruélico Gobierno se han aplicado una subida del 4% en sus jugosos sueldos. Mientras la pobreza energética va a ser una realidad aplastante sumada al incremento brutal de los alimentos, se aprueba una mejora salarial para los que tienen un trabajo garantizado de por vida y para todos los pensionistas independientemente de si cobran 700 euros o 2.000. El problema es que el Gobierno está pensando en las próximas elecciones y en amarrar ese voto cautivo formado por todos aquellos que dependen del Estado. A los autónomos y a los que trabajan en la empresa privada, que les zurzan. Esa es la cruda realidad.

Los que vivimos en un pisito dentro de una comunidad de vecinos no podemos pagar los platos rotos de una nefasta política energética que ahora está trayendo sus consecuencias más salvajes. Porque nos afanamos en cargarnos las calderas de carbón y ahora los edificios que las mantienen son los que van a pasar un invierno más cómodo. Porque nos vendieron que las renovables eran la panacea y ahora resulta que solo aportan un porcentaje muy pequeño de todo lo que consumimos. Porque nos machacaron con que la nuclear era el demonio, pero Francia está apostando decididamente por ella y la Unión Europea la considera energía verde. Cuando la maldita ideología enfanga algo tan sagrado como nuestra propia supervivencia estamos condenados a la extinción.

Como los ciudadanos de a pie no somos responsables de todos esos desmanes ideológicos, el Gobierno tiene la obligación de proporcionarnos una solución. Si no se toman medidas urgentes no sé a qué estamos esperando para salir a la calle. Está en juego nuestra calidad de vida y nuestra propia salud.

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