12 noviembre 2019
  • Hola

Apariencia, carcunda, farándula...

22 may 2019 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

Hemos ya enfilado los últimos días de una campaña sin garra, sin apenas contenido ni motivación, sin énfasis ni nada, como si les faltara a sus protagonistas convencimiento de lo dicen y fe en lo que hacen y esperan, influenciados más por el resultado de las recientes elecciones generales que por cualquier otra cosa. No obstante, por ahí andan intentando vendernos las motos de siempre los candidatos a ayuntamientos, a comunidades autónomas, a Europa, pero con el lastre del desenlace final de la campaña anterior y de sus secuelas, muchas de ellas aún por ver, siendo esta la causa fundamental de tan escasa sustancia. Para muchos el pescado ya está vendido cuando la realidad es otra muy distinta, porque mucho está en el aire y nadie por eso se atreve a ir más allá de lo que marca la astucia, a la espera de lo que salga de las urnas el próximo domingo.

Ninguna novedad se aprecia que rompa la monotonía, aparte la de los escraches tan en boga entre quienes vienen con la idea de cambiarlo todo desde la intransigencia que los caracteriza y distingue en lo que hacen. Ven muy posible alcanzar lo que buscan, trincar poder, y no se reprimen, son los únicos que animan la escena y teatralizan sus aspiraciones, se sienten fuertes, creen que las circunstancias les favorecen, y van a por todas. Son más de cuatro gatos, por ello suficientes para darle la vuelta a la tortilla si les dan la oportunidad, que supondría echar por tierra lo conseguido y no dejar títere con cabeza.

Es --como dije-- una campaña sin garra, ni énfasis ni nada, sin embargo, a poco que uno sospeche y se pare a pensar puede resultarle crispante, porque en el ambiente anodino que la envuelve se barrunta algo que tratan de ocultar, se intuye falta de sinceridad y voluntad de engaño, sobre todo desde el propio Gobierno, que no ha dejado de hacer, pero tampoco de callar sobre lo que hace y sus intenciones. Se aprecia que algo hay por el ánimo exultante del separatismo, que tiene la sartén por el mango y no la suelta, Sánchez le debe mucho, pero tiene sus bazas y con ellas juega con la esperanza de que le salga bien, porque existe la posibilidad contraria y él lo sabe. Antes que nada está su futuro personal (que pasa por arrellanarse en La Moncloa) que pretenderá asegurárselo al precio que sea. Este precio posiblemente ya esté cerrado o en camino de estarlo, pendiente solo de los últimos detalles que dependerán de lo que ocurra el 26-M. Lo que vemos y oímos es apariencia artera que la política imperante mantiene con el ánimo de tenernos en la inopia. Aunque nada se puede demostrar, resulta todo tan probable que es perfectamente creíble.

Para colmo del cinismo el PSOE pide al PP y a Ciudadanos que se abstengan en la investidura, “por la estabilidad de España”, y evitar que la Presidencia no dependa de la voluntad de los independentistas, eso sí, para seguir haciendo la política que ya tiene comprometida con ésta y demás ralea. Esto, por si le sale mal la jugada que se trae entre manos, porque si de verdad tanto le preocupa al Gobierno la influencia de los que están por romper España hasta hacerla desaparecer, que se abstenga el PSOE a favor de un Gobierno de coalición a la andaluza. Pero no, le pide a la oposición que haga lo que él jamás haría ni por la estabilidad de España ni por nada que no sea su propio beneficio.

No hay objeto más carca y retrógrado que aquel con sabor a rancio, trasnochado, casposo, chapado a la antigua, y hoy en el escenario político lo más carca que se mueve es la “progresía” de la izquierda extrema, más la de todos los que chapotean por el mismo fango y la de quien a esta gente se arrima para tratar de seguir durmiendo en La Moncloa cuatro años más, mínimo; “progresía” falaz que nos lleva directo a los prolegómenos del Frente Popular del año 1936. Carcunda, conservadurismo soez, apego irremediable al pasado por la necesidad vital de recuperarlo, de volver a él para quedarse y no abandonarlo nunca.

Por último, la farándula grotesca que se marcaron ayer sus señorías durante la sesión inaugural de la XIII Legislatura convirtiendo el Congreso de los Diputados en un circo, estuvo en sintonía con el disparatado momento político que vive España. Es lo que hay y es lo que nos espera corregido y aumentado si no ponemos pronto remedio a este esperpento.