30 marzo 2020
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Algo personal

06 oct 2019 / 03:00 H.
Santiago Juanes
El bestiario

Hay que tomarse estas elecciones como algo personal, proclamó desde el púlpito de la desacralizada San Blas el ministro José Luis Ábalos, así que me vino inmediatamente a la memoria la canción de Serrat y hasta ahora. Lo que toca es el relato, explicar por qué tenemos que volver a las urnas, dejando claro que la culpa es del otro. Tenía curiosidad por saber qué se nos iba a contar cuando todo se había contado antes, y ya lo sé: el relato. De lo demás, que es de lo que queremos que se hable, nada de nada. Sabemos, dijo, lo que harán otros si ganan, porque lo han demostrado, y me digo que no sabemos, por el contrario, cómo vamos a afrontar todo aquello que hoy conocemos que se nos viene encima. Que la fuerza nos acompañe, como se repite en las películas de la “Guerra de la Galaxias”, esa fuerza que ayer anduvo por las calles de Salamanca, que tiene enganchando, como se vio, a niños y mayores. Me proclamo mitómano de la saga y es algo personal, porque desde la primera a la última entrega forma parte de mi vida. También me tomo como algo personal el cierre de empresas, en especial aquellas con solera. Cierra por jubilación “Morocho”, la tienda del inolvidable Ceferino Morocho en la calle Zamora, un histórico del comercio salmantino dedicado a la electricidad. Siempre tenía de todo. Está liquidando, como “Rodero”, la histórica casa de cuero, caza y pesca de la calle Meléndez, que fundase allá por 1874 Florentino Rodero en la Plaza del Corrillo esquina a Prado, de la que se hizo cargo más tarde Pepita Rodero y familia, y hoy dirige José Luis Rodero García. Está en el mismo emplazamiento desde hace setenta años, de los que la mitad ha trabajado tras el mostrador el empleado de la casa, Jesús Yenes, que es otro histórico. Este cierre de viejos comercios me causa una conmoción enorme porque forman parte de la memoria de la ciudad y de la mía. Me tomo como algo personal que la provincia quede asolada por la despoblación: el viernes solo se escuchó el silencio convocado de los populares en la puerta de la Diputación. Después vinieron las disculpas de otros. Estamos ya en el tiempo de las soluciones porque tenemos todos los diagnósticos encima de la mesa, así que vale de marear la perdiz. Sí, hay muchas cosas que nos podemos tomar como algo personal. Y debemos tomarlas así. Pero desconozco si las elecciones deben entrar en esa categoría, aunque ahí quedó el discurso de Ábalos.

Entre pamelas de boda y gorras de excursión se mezclaban ayer antiguos alumnos iberoamericanos de la Universidad de Salamanca que clausuraban su congreso. El profesor José Luis Marcello estaba emocionado de haberse encontrado a colegiales del “Hernán Cortés” octogenarios. El Colegio estuvo en la Gran Vía -y hay todavía huellas de aquella estancia- antes de trasladarse a la ladera de San Vicente, no lejos de la iglesia de San Blas, de sus peñuelas y el legendario Barrio Chino. Unas horas antes de la clausura el rector de Coimbra, Amílcar Falcao, me contaba que la base de la Universidad está en tres pilares: formación, investigación y valores sociales; y que la institución académica debe estar siempre al servicio de la sociedad, así que sí, también la Universidad debe educar en valores. Ha sido un espléndido encuentro en el que ha dejado parte de su salud la presidenta de Alumni Angelita Calvo. Enhorabuena.

Esta semana tenemos firma de “Casa Baja”, el novelón (400 páginas) de Ferreira Cunquero, y presentación de “Manuscrito de Aire”, de Luis García Jambrina, que me tiene atrapado en sus últimas hojas. También me tomo la lectura de libros de salmantinos como algo personal. Lo dice Serrat: entre esos tipos –los autores- y yo, hay algo personal. Que la fuerza le acompañe.