20 marzo 2019
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Albert deja mancha en la marca Cs

12 mar 2019 / 03:00 H.

El principal responsable del pucherazo en las primarias de Castilla y León es, sin lugar a dudas, Albert Rivera. Ayer se escondió tras su “lugarteniente”, el inefable Villegas, para dar por cerrado el escándalo perpetrado en las votaciones para elegir a su candidata a la Junta de Castilla y León.

Villegas, el presentador oficial de la expresidenta de las Cortes de Castilla y León y valedor fundamental de la tránsfuga, salió como pudo del bochornoso asunto que calificó de “incidente”, cuando en mi tierra se llama “pucherazo” del aparato o de alguien mandado por él para que, en contra de las voluntad de los afiliados, saliera triunfador el fichaje “estrellado”. ¿De qué ejemplo de democracia interna o regeneración puede hablar Rivera si permite —en el mejor de los casos— o alienta las trampas internas y aquí no pasa nada?

Las explicaciones que dio ayer no satisfacen a nadie. Suenan poco o nada convincentes y nadie asume responsabilidades por algo tan grave como usurpar o secuestrar la voluntad de los militantes. Podemos sospechar que no es la primera vez que ha podido pasar, porque como dicen en mi tierra: “quien hace un cesto, hace ciento si tiene mimbre y tiempo”.

El sistema, al que se refirió el muñidor Villegas, no ha detectado nada. Quien ha destapado el fraude ha sido el equipo del otro candidato, Francisco Igea, que sospechaba que podía haber “tongo” desde el minuto cero. Pero es que hasta para perpetrar los “golpes” a la democracia interna hay que saber contar y los “chapuceros” que manejan el “sistema” ni siquiera saben sumar, a pesar de las clases que recibieron del podemita Pablo Iglesias en la Facultad de Somosaguas.

Las cuentas no cuadraban: los datos oficiales pusieron de manifiesto que había más votos que el número de afiliados que participaron en el proceso. A raíz de ahí se detectó que muchos militantes “fantasma” del partido naranja trasnochaban en exceso —52 más o menos— y tras la noche de copas y desenfreno, supuestamente, votaban “unidos” y desde un mismo ordenador a Silvia Clemente. Los más madrugadores votaban a las 7 de la mañana en grupo —de 30 más o menos— también para fomentar la unidad en Ciudadanos. Alguien controlaba cómo iba la votación y cuando veía que podía perder la candidata oficial, introducía de golpe los votos que le daban la ventaja. El resultado es que los 82 votos del pucherazo ni siquiera correspondían a afiliados. El cocinero chusquero, por lo que se ve peor que Tezanos, los colocó en el sistema esperando que la trampa colara.

Oficialmente cerrarán el “asuntillo”, con un olor a tufo insoportable, pero extraoficialmente el partido queda tocado y manchado, porque desde Albert Rivera, pasando por el inefable Villegas, Inés Arribadas, Girauta, Hervías o Miguel Gutiérrez, se han empecinado demasiado en captar “el talento” de Silvia Clemente costara lo que costara.

Rivera defendió con orgullo por las televisiones su capacidad de fichar “talentos” a izquierda y a derecha, como el del exministro socialista del paro Celestino Corbacho y el de la expopular Silvia Clemente. Nada impidió al líder de Ciudadanos, ni siquiera la división interna que generó o la humillación que propinó a los suyos —léase Igea que estaba en la ejecutiva nacional y con él como diputado— seguir adelante con su plan hasta que le pusieron sobre sus narices el “pucherazo podrido”.

Responsables parece que no hay ninguno, aunque todo apunta a que la orden se dio desde arriba y la ejecutaron desde abajo “supuestamente” Pablo Yáñez y sus compinches. No lo digo yo. Es el comentario generalizado de la militancia. Anoche Pablo Yáñez dimitió de sus cargos, es decir, dice que deja “oficialmente” las conspiraciones, que es a lo que se dedicaba por ser amigo de Rivera. El líder naranja ha dejado que se “inmole” un personaje de tercera división, aunque de todos es sabido que Yáñez, el diputado más breve de la historia de Salamanca, no hacía nada sin que lo supiera su “amo” Rivera, que lo metió como asesor a sueldo en el Congreso de los Diputados y de “hacedor” en el máximo órgano nacional del partido. Vamos, por lo que se ve se dedicaba a hacerle los asuntos “sucios” al líder naranja.