25 septiembre 2020
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Abrir la ciudad o condenarla

13 ago 2020 / 03:00 H.

    Durante el confinamiento, estúpida palabra donde las haya, escribí que el “vaciado” forzoso de las calles fue un momento muy bueno para rediseñar y repensar las ciudades, no digamos una tan sin orden ni concierto como Salamanca. Por supuesto, nadie atendió la sugerencia, sobre todo porque muchos ya han olvidado leer y lo que acompaña: el pensamiento y la reflexión. Y sigo en ello, impertérrito al invasor, un ejército de ciegos que nos gobierna aquí y acullá, que decide sobre nuestras vidas, o directamente las compra vía subvención.

    El virus no me preocupa, me preocupa la estela de miseria económica y social que dejará. Por eso, centrándonos en nuestra ciudad, creo sin duda alguna que es el momento de “abrirla”, de intentar salvar su vida, de la Universidad -más cementerio de elefantes mudos que nunca- a un pequeño bar, de las tiendas del señor Ortega a la corsetería (¿quedan corseterías?).

    Siempre he estado en contra de las peatonalizaciones de locos que se han llevado y se llevan a cabo en Salamanca y ciudades similares. Lo de siempre en esta sociedad distópica: un millón de moscas no pueden estar equivocadas, y ahí tienen a políticos y a sus técnicos comiendo mierda a dos carrillos. Pero ahora es el momento justo de reabrir calles al tráfico, a la vida, a sus tiendas. Salamanca se ahogará irremisiblemente si no actuamos rápido, si no le devolvemos el pulso perdido. Y un primer pequeño paso sería despeatonalizar calles no históricas como José Jáuregui, Bientocadas, Arco, Sol Oriente, Los Bandos, rectores Tovar y Lucena, San Mateo, Azafranal, Constitución, Aire, Dean Polo Benito, Vázquez de Coronado... Sí, lo sé, qué tonterías escribo: por supuesto sabe más un millón de moscas sentando cátedra. Salamanca se muere de aburrimiento, de pedruscos al sol y, ahora, y cada vez irá a peor, de inactividad, pues a la crisis global que se avecina hay que sumar su incomodidad y su estado de liquidación-por cierre-, lo cual es un enorme obstáculo a cualquier intento de crear riqueza, y vida. Riqueza y vida, qué tonterías.