15 septiembre 2019
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A río revuelto...

13 jul 2019 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

GANANCIA de pescadores. Eso dice el refrán y si lo dice el refrán, cierto es, porque el refranero está lleno de verdades como castillos. Bajan las aguas tan revueltas que no faltan pescadores prestos a sacar tajada política de la coyuntura, tan favorable que algunos ni soñando habían pensado encontrar momento mejor. Y aprovechándolo están, porque quién sabe si se repetirá otro igual. Está el patio para mirar con atención lo que se mueve dentro, tomar nota de ello y, visto lo cual, continuar la marcha pero sin olvidar lo dejado atrás.

Como espectáculo, el de quienes a la espera están de las consecuencias de lo que ellos mismos decidan es, en su conjunto, esperpéntico, disparatado, grotesco y bochornoso, en el que cada líder por separado, conforme a su guión personal, mal escrito y peor interpretado, se mueve entre la incongruencia y el despropósito, dentro de una aberración febril, sin más horizonte que el que le ofrece a la vista el primer meandro del río revuelto que le sale al encuentro. Es como si hubiesen perdido el juicio por no sé qué causa común, de la que no escapa ninguno y en todos ha hecho presa, algo se les ha subido a la cabeza que los ha trastornado, algo inconcreto pero efectivo, que les ha secado el cerebro.

No es que hayan perdido la cordura, es que no la controlan y por eso dicen lo que dicen sin calibrar las palabras, suben y bajan por todas partes sin contar los pasos, hacen lo que hacen sin medir las consecuencias y así tienen el patio, que parece el de un manicomio, por el que van y vienen ensimismados a vueltas con sus dislates como si estuviesen en el patio de su casa y de nadie más, creyéndose que son cualquier cosa menos lo que realmente son, unos mandados a sueldo de los españoles, porque eso es lo que son, unos “bienpagaos” pero que no se dan por enterado de su papel, que se ven por encima del bien y del mal, convencidos desde las alturas de que no le deben nada a nadie sino todo lo contrario. Y por ahí se les ve con su caña de pescar a la espera de ver qué pica. Les da igual el pez con tal de que sea gordo.

Para que se hagan una idea de cómo está el patio ahí les va algunos titulares de prensa de los últimos días, titulares de todos los colores y para todos los gustos en los que se masca el mal rollo que se respira en el ambiente: Sánchez intenta endosar a Iglesias el adelanto electoral (El Mundo); Sánchez da por zanjada las negociaciones con Iglesias y pone rumbo ya a las elecciones (El Confidencial); España se instala en el bloqueo político (El País); El PP responde a la carta del PSOE: ‘No habrá abstención porque Sánchez pactó con los independentistas’ (ok diario); Una repetición electoral dispararía la abstención al 32 por ciento y no alteraría el reparto del poder entre bloques (eldiario.es); Moncloa avisa a los partidos: ‘Pasarán cosas y habrá abstención’ (La Razón); El PSOE que pide la abstención a PP y Cs para ‘defender a España’ pacta 47 municipios con golpistas (ok diario); Sánchez pide a Iglesias empezar de cero la negociación y éste responde: ‘no es serio’ (Libertad Digital); Sánchez agita una reforma legal ante su incapacidad para negociar (El Mundo); ERC planea abstenerse en la investidura de Sánchez para presionar a Iglesias (El Confidencial); Sánchez no se fía del líder de Podemos: ‘¿Os imagináis un Consejo de Ministros con Iglesias dentro?’ (ok diario)... Poner orden en todo esto no es tarea fácil, puede incluso que resulte hasta imposible. Quién se aclara ante la evidencia del caos que para algunos es la causa de su fuerza y la razón de su existencia, que no solo lo aceptan como estrategia sino que lo hacen trinchera. Les importa solo lo suyo y no lo disimulan, y a estos fue a los que les encomendamos en las urnas “arreglar” España. Llega un momento en que les da igual todo y ese momento ha llegado.

Entre amenazas, advertencias, chantajes, propuestas tramposas, chalaneos de bajezas, declaraciones falaces..., Sánchez, Iglesias y sus delirios acaparan demasiado protagonismo de una actualidad política que no hay por donde cogerla. Y para no acabar como un cencerro terminé ayer el día en el Patio Chico, donde no cabía un alma, escuchando jazz, porque de vez en cuando conviene huir del mundanal ruido por prevención. Simple terapia.