05 diciembre 2019
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¿A dónde nos lleva Sánchez?

19 nov 2019 / 03:00 H.
Juan Antonio García Iglesias
Visto desde fuera

Transcurren los días a la espera de acontecimientos políticos, que van cayendo gota a gota más en forma de comentarios y valoraciones que de hechos consumados, ante un futuro tan incierto como inquietante e inmediato, hasta el límite mismo de la actualidad. Han saltado de golpe las alarmas que han hecho pasar los ánimos, de quienes todavía piensan, de la incertidumbre al miedo por lo que nos espera si lo iniciado se completa felizmente para los firmantes de ese preacuerdo que de llegar a buen término puede ser el comienzo del fin de lo que hoy somos y tenemos.

Si lo analizamos fríamente encuentra su lógica en los últimos resultados electorales, al ser lo que los españoles votamos tal vez sin saber muy bien lo que metíamos en las urnas, pero los resultados son los que son y hay que aceptarlos, gusten o no, con sus consecuencias, todas, también estas que estamos viviendo con el temor metido en el cuerpo. Avisados estábamos por lo que hemos visto y oído desde tiempo atrás, suficiente para hacernos una idea clara de la fauna que teníamos delante, y aún así volvimos a tropezar en la misma piedra, llegando a la conclusión de que el problema que tiene España no es Sánchez, ni Iglesias ni la patulea separatista ni quienes sin serlo le dan pábulo bailando en torno al pastel del que todos quieren sacar tajada... ni la casta, sino los españoles, que para desgracia nuestra no aprendemos ni de nosotros mismos no obstante ser la mejor guía de errores (también de aciertos) que tenemos, excelente si supiésemos sacar provecho de ella.

Aparte de esto, la vida sigue, es más, no parece que interfiera en el día a día, y todo se desarrolla con aparente normalidad. Mejor así, aunque la procesión vaya por dentro de quienes son conscientes de la situación, que no todos lo son porque no todos piensan, bien para no complicarse la existencia antes de tiempo o porque están encantados al irles en ella la marcha, que no son pocos, así que con los resultados en la mano vemos que más de la mitad de los españoles dieron alas al asunto y hacen como si no fuese con ellos.

Es posible que la formación de este gobierno “suprafrankenstein” que el cirujano Sánchez se trae entre manos con no pocas dificultades no haya quien la pare y que al final lo consiga, pero también es posible que en esa condición de “supra” que lo caracteriza esté su punto vulnerable dada la cantidad de siglas que podrían auparlo (con el sí o la abstención) movidos por otros tantos motivos, tan iguales como distintos entre sí, muy difícil por ello de satisfacer por igual sin el riesgo de que resulte una mezcolanza explosiva que al más mínimo roce entre las partes haga saltar todo por los aires hecho pedazos.

Además, los hay que aseguran que este invento no puede ir lejos, no solo por lo promiscuo de su fórmula, sino por la catadura del personaje que la aplica procurando amasar el bodrio a su gusto, personaje tan de poco fiar que nadie que lo conozca puede creer en su palabra ni en su firma, por lo que —repito— nadie que lo conozca puede asegurar que el negocio marcha y el preacuerdo que firmó con Iglesias no acabe siendo papel mojado, porque de Sánchez puede esperarse cualquier felonía, cualquier despropósito, hasta su propio suicidio político por no medir con precisión de cirujano las consecuencias de su desmesurada ambición y que por una torpeza suya pudiera echar el invento a perder.

Me aferro a esta posibilidad, remota pero no descartable, y me echo a un lado para verla venir, porque hasta el debate de investidura y las votaciones hay tiempo en el que puede ocurrir lo que no está escrito, por lo que buena gana de adelantarse a los acontecimientos, que llegarán cuando les toque, nunca antes, además, la vida sigue, se ve, se oye y se respira en muchos detalles. Ya cuelgan por todas partes los primeros indicios navideños y no por eso vamos a cantar villancicos antes de tiempo, sonarían fatal. Y para terminar, una pregunta: ¿A dónde nos lleva Sánchez? Me temo que responderla no es de su incumbencia.