30 octubre 2020
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A cal y canto

    En la entrega de los Premios Princesa de Asturias, el pasado viernes, se citó a Joseph Pérez, hispanista, que tanto escribió de Salamanca; a Galdós, en cuyas obras aparecen frecuentemente Salamanca, Arapiles, Ciudad Rodrigo, Candelario y también varias figuras salmantinas del tiempo, y a Unamuno. Todo ello, a la vez que el personal huía de Salamanca antes del confinamiento perimetral de la capital, algo así como el cierre de las puertas, que comenzaba a media noche debido a esta pandemia que nos está revelando que (sí, dígalo) los políticos no están a la altura de España. Algo que también podría haber dicho Felipe VI en algún momento de su discurso. La esperanza es que todo esto sirva para que la Navidad que viene sea como la que recordamos y lleguemos a ver la vacuna contra la Covid19. Y no tenemos mucho tiempo, porque los huesos de santo y los buñuelos ya están en los escaparates de las pastelerías, y en breve lo harán los puestos de castañas: todo avanza muy rápido.

    Anne Carson, galardonada con el Premio de las Letras, sostuvo en su discurso que no es fácil hacer reír a los españoles, y digo yo que en estos momentos todavía menos, así que tiene mérito el esfuerzo por intentarlo de Ángel González Quesada y Nacho Casal con su “Retrovisor”, o el de Miguel de Lucas, con su “Vindie”, o Jess Martin´s con su homenaje al payaso Marcelino Orbés Casanova, protagonistas del fin de semana cultural. En las butacas del viejo Liceo la actriz Rafaela Aparicio me aseguró muchos años atrás que los salmantinos éramos uno de los públicos más difíciles y que a veces “parecíamos cartones”. De la época, Fernando Santos, salmantino, hacía reír de puro serio. Pues eso, de secos se nos tacha. Y como sé que no está el tiempo para bromas ni risas, hay que primar, precisamente, a la comedia y al humor, que el drama aparece por cualquier lado sin que se le reclame. Encarar estos días con una sonrisa abierta como la de Carmen Martín Gaite, a la que podemos recordar mañana en el Día de las Escritoras, junto a Matilde Cherner, Charo Alonso, Charo Ruano, Sofía Montero, Isabel Bernardo, Ángela Barco, Isaura Díaz, que presenta mañana libro, Victoria Álvarez, Sandra Marcos, Mar Cabezas, Yolanda Izard, Mari Ángeles Pérez, que también presenta libro, Amalia Sánchez, Ángela Hernández... hasta la propia Teresa de Jesús. Puede que no seamos de sonrisa fácil –no es mi caso, desde luego—pero sí lo somos de mosqueo inmediato, al igual que se nos achaca el hablar alto, lo que nos lleva a León Felipe, que aseguraba que teníamos motivos para ello, como los tenemos ahora: viene el lobo, gritamos, y los políticos a lo suyo. Ya digo, el propio Rey... Vinieron a la Plaza Mayor los de Máster Chef, allá que nos fuimos a ver de qué iba y al rato desde las llamadas redes sociales se nos tachaba de irresponsables a los asistentes. Lo dicho, de mosqueo fácil y sonrisa difícil, dice la Carson.

    El confinamiento perimetral me hizo pensar en aquel muro berlinés que separó familias. Desde el puente de la Isla del Soto se puede saludar a los amigos santamartinos. En Puente Ladrillo, a voces, es posible hablar con la familia de Cabrerizos y otro tanto en el alto de Pizarrales, por ejemplo, o en la Pinilla con la Sierra de Béjar al fondo. Puntos que marcan la frontera sanitaria para los de dentro y fuera. Mientras, sigo dándole vueltas al discurso del Rey: ¿lo habrán entendido los aludidos en él?

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