A la última va la vencida

12.01.2019 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

Ya han dado el primer paso hacia la nada y la nada en política es caída libre por el despeñadero abajo. Lo malo es que después del primero viene el segundo y después del segundo, el tercero, y después el cuarto y el quinto€ hasta el último, que en política es el no va más, o sea, la consecuencia final de todos los despropósitos cometidos, uno tras otro, durante el desarrollo de sus quehaceres políticos. Si esta consecuencia final sólo repercutiera en ellos, pues allá ellos con sus despropósitos, pero no, porque las víctimas de una mala política no son los malos políticos, o sea, los hacedores de ella, sino los destinatarios de esa mala política, dicho de otra manera, ustedes, yo y todos los demás.
Ya han dado el primer paso, tan decididos avanzan que no hay quien los pare. Allá nosotros, porque de poco sirve lo conseguido si a las primeras de cambio nos lo echan a perder. Están donde están, es decir, están donde los hemos colocado, para que hagan su trabajo. Y en esto consiste, al parecer, su trabajo, en mirar para ellos, en urdir por sus intereses. ¿Quién puede confiar en gente así? ¿Hay alguien capaz de dejar en sus manos algo en custodia para que vele por ello, lo administre y lo mejore? ¿Nadie? Sin embargo ahí los tenemos, haciendo de su capa un sayo. Y no han llegado por arte de birlibirloque. Yo, ustedes y todos los demás tenemos culpa de ello.
Lo que se traen entre manos es labor de todos porque en el fondo van a lo mismo, bien desde la rivalidad medida del jugador fiel a la regla, cuando no desde la hostilidad desatada por la violencia propia de quienes se juegan una existencia tan precaria que depende de llevarse o no a casa la presa en pugna, y matan por conseguirla al irle en ella la vida. Pues, más o menos, a eso obedece el enredo político que los ocupa. Cada uno pone su grano de arena para que todo se enturbie, se degrade, se corrompa, se confunda€ y buscar la ocasión que les permita salirse con las suyas, ocasión que no todos consiguen alcanzar, solo uno o unos pocos, pero de la misma calaña.
Han empezado el año dispuestos a no perderse en el camino ni a que nadie les tome la delantera, se abren paso a fuerza de gresca, burlando principios y normas, a base de juego sucio porque por lo legal no van a ninguna parte. Y a la cabeza, marcando estilo, marcha camino adelante el propio Gobierno.
A la ministra Celaá, o sea, al gobierno de España, es decir, a Sánchez, su presidente, le falta tiempo para sacar adelante su nueva Ley de Educación con la que poder echar de un plumazo el castellano de las aulas. Otros se han adelantado, es cierto, pero Sánchez, lejos de cortar por lo sano, se une con entusiasmo a la infamia de la "analfabetización" que se han propuesto instalar de una u otra manera en la sociedad española. Hacia eso va la Ley Celaá, y tiene su causa, que demuestra la inquina de quien claudica, se baja los pantalones y lo que haga falta por un plato de lentejas, dando así una bofetada al Estado para el que cada vez cuenta menos. Ya casi nada.
Los estropicios se generalizan y aparecen por todas partes desbordando la actualidad, siendo lo malo que comienzan a admitirse como algo normal, por eso cuando nada surge (cosa que raramente ocurre) algo se echa en falta.
Otro episodio para echarse a temblar aunque ya no tanto es el de Andalucía, reflejo de la situación en general, por lo que raro sería que no hubiera sucedido. Tanto tira y afloja, tanto sí pero no, tanta indecisión y desconfianza, tanto recelo... dio pie a que Vox interrumpiera el show con 19 condiciones (algunas inasumibles y Vox lo sabía) para contar con su apoyo o, si no, nuevas elecciones, y le acusaron de extremista. Si hablamos de extremismos, no hay más que decir, porque en este caso extremistas todos, la intransigencia en sí lo es, y aquí todos pecaron (unos más que otros, pero todos) de intransigentes, con que a otro con esta historia, que de tanto oírla se repite. Vox estiró la goma hasta el límite, nadie se atrevió a más y ahí acabó el cuento, tal vez buscando la foto que al final se harán todos. Queda por ver si juntos o por separado.
Y van... ¿cuántas? La tercera quedó atrás hace ya tiempo. ¿Para cuándo la de la vencida? ¿Será esta el principio de la última? Eso habrá que verlo.

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