Michael Robinson y la piedra filosofal

08.01.2019 | 04:45
Marta Robles

Ayer por la mañana tuve la suerte de escuchar la entrevista que Susanna Griso le hizo en Espejo Público a Michael Robinson junto a otros compañeros. La mesa podría haber sido menos alegre, porque el motivo de esa charla/tertulia no era otro que el cáncer con metástasis y sin cura que sufre el ex futbolista y comentarista de radio; sin embargo, la conversación estuvo plagada de risas y de ese humor inigualable que siempre ha caracterizado al británico. Conocí a Michael hace más de veinticinco años cuando ambos trabajábamos en la Cadena Ser y desde entonces, siempre nos hemos llevado bien y nos ha alegrado encontrarnos. La noticia hace pocos días, dada a conocer por él mismo me provocó una inmensa tristeza, pero ayer al verle, pensé que si había alguien capaz de plantarle cara a un cáncer y domesticarlo lo suficiente como para vivir cómodamente con él, ese era Robinson. Cuando descubrimos lo fácilmente que mata el cáncer, la enfermedad se volvió más maldita que la propia muerte. Y no era raro: al principio no había manera de paliar sus dolores ni tampoco de combatir la enfermedad con éxito. Como mucho, se podía alargar la agonía y eso si el diagnóstico llegaba con la suficiente prontitud. Por suerte en los últimos años hemos dado pasos de gigante y ya son muchos los cánceres que tienen grandes probabilidades de curación o de volverse crónicos y ser llevaderos. Deberíamos temerlo menos ahora que empezamos a tener herramientas reales para luchar contra él, pero la realidad es tan distinta como para que según una investigación del Boston Children's Hospital de Massachussetts, EEUU y del Hospital Universitario Charité de Berlín, Alemania continúe siendo un factor de riesgo de suicidio y más aún durante los primeros doce meses, tras darse a conocer al paciente que lo padece. Tanto el cáncer como el propio suicidio son dos de las causas principales de muerte en los países desarrollados y ambas resultan tan incontrolables como para que la salud pública las considere su gran reto. Parece que esos avances descomunales en la investigación del cáncer que antes mencionaba no han logrado por el momento que el pánico no se adueñe de buena parte de los pacientes cuando el médico pronuncia el nombre de su mal, sobre todo si se trata de uno de los cánceres más agresivos, como el de páncreas o pulmón. Por eso los expertos apuntan que la terapia emocional es tan indispensable como la física, en casi todos los casos. Pero desde luego no en el de Michael Robinson, cuya fortaleza de espíritu sirve para enseñar a vivir con una sonrisa cualquier situación, a los enfermos y a los sanos. Tal vez el sentido del humor sea la piedra filosofal€

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