Luces de Navidad

08.12.2018 | 04:45
Juan Carlos García-Regalado

Una Navidad más en Salamanca toca escribir de luces de Navidad. De la pobreza de luces de Navidad, es decir, de la falta de espíritu navideño; de hecho, y no es la primera vez ni la segunda que escribo lo mismo en estas fechas, tengo que remontarme a los confines de mi memoria para recordar una Salamanca navideña reflejada en los adoquines brillantes, en su música celestial fun-fun-fun-fun, en su olor a castañas asadas, en las figuras de "Aniceto" o en los juguetes de "Miramar"; reflejada en las velas chispeantes de los Carmelitas, en los puestos de artículos de Nochevieja, o en la vida de sus escaparates, hoy muertos o con suerte agónicos€ Reflejada, más cercano en el tiempo, en la espectacular decoración navideña que nos regaló Sebastián Battaner en las fachadas de los "headquarters" de "Caja Duero", en calle de Zamora con Los Bandos.
Sí, soy un nostálgico, lo reconozco, pero no lo soy porque me haga mayor, que también, lo soy sobre todo porque el futuro en lugar de aportar, ha restado, me ha quitado cosas, me ha dejado a la intemperie, sin saber qué hacer, a dónde ir, qué sentir. Y el ambiente, es una parte muy importante de eso que llamamos "espíritu de la Navidad", aunque hoy, con más medios y más dinero, es todo más triste, más apagado, más impersonal, por mucho que pongan las navidades en verano€
Espiritualidad al margen, la Navidad son luces de colores, luces que, estoy convencido, "encienden" y avivan nuestros buenos sentimientos, que tanta falta nos hace. Sin embargo, las luces no brillan, no sé por qué. Salamanca, año tras año, se muestra gélida por mucho que a los políticos se les llene la boca de bombillas. El otro día, una amiga, muy charra y muy viajada, me escribía coincidiendo con el encendido navideño lo siguiente: "¡Qué iluminación en las calles! Antigua. Hortera. Vulgar. Sin estilo"€ Y añadía irónica, "Qué glamur, no sabía si estaba en París o en NY"€ Y no le faltaba razón, Salamanca ha abrazado la caspa como si fueran copos de nieve. Cualquier cosita vale para salir del paso y lo peor es que en la mentalidad de la ciudad flota la idea que teniendo la Plaza Mayor que tenemos, quién quiere más luces, o un Belén, o el sonido de unos villancicos. Ya quisieran los de Vigo tener nuestra Plaza, ya quisieran los de San Antonio, Texas, tener nuestra Plaza, por poner dos ejemplos de ciudades que en Navidad tiran la casa por la ventana con notables resultados turísticos, económicos y hasta espirituales, pues la felicidad no deja de ser un bien inmaterial aunque no lo diga la UNESCO€

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