Constitución, feliz cumpleaños

06.12.2018 | 04:45
Tomás Pérez Delgado

Cuenta Blanco White en sus Cartas de España que, pese al escaso arraigo que las instituciones constitucionales tenían en nuestro país en los inicios de la etapa liberal, no había pueblo que no contase con su plaza de la Constitución. Hoy tenemos incluso monumentos en su honor y, por fortuna, la salud constitucional de España es infinitamente mejor. Gracias, en parte, a que por primera vez contamos con un texto constitucional fruto de un amplísimo consenso y no resultado de la imposición de un sector del país sobre otro, como en la II República o en la Restauración, por citar solo los dos casos más próximos.
Ratificada en referéndum por amplia mayoría, sobre todo en Cataluña, la Constitución de 1978, de la que hoy celebramos su XL cumpleaños, ha sido el marco en el que España ha desenvuelto un largo ciclo caracterizado por el nivel de libertades mayor de nuestra historia, por un generoso reconocimiento del autogobierno regional y por un grado de desarrollo socioeconómico y una apertura internacional nunca vistos entre nosotros. Es posible que necesite una reforma o puesta al día en algunos aspectos, aunque por el momento no hay el consenso necesario para ello entre las principales fuerzas políticas. Así pues, mientras llega la reforma, lo que quizá esté necesitando nuestra Constitución sea la defensa de sus instituciones y de sus valores: frente al separatismo catalán a las bravas y frente a la intolerancia que amenaza con anegar el Principado y también frente al proyecto de reforma del Estatuto vasco, que en parecida línea, aunque con otra modulación, pretende establecer por propia cuenta un sistema confederal para toda España. ¿Y qué decir del socio principal del actual Gobierno, que pasa el tiempo denigrando a la Corona, negándole el respaldo que, como institución constitucional, también obtuvo en el referéndum de su ratificación y que tilda despectivamente como régimen del 78 a instituciones y valores incuestionablemente democráticos?
Con todo, quizá la mayor amenaza a la Constitución y al sistema mismo de libertades sea el comportamiento de los partidos como clases extractivas, así como la generalización en ellos de comportamientos que buscan no ya la derrota argumental del adversario, sino su descalificación absoluta, que anticipa en el terreno simbólico una real intención erradicadora. Grandes males, por cierto, sin grandes remedios a la vista. Salvo justamente la propia Constitución, con su fuerza normativa y moldeadora de una axiología democrática. Festejemos, pues, su cuarenta cumpleaños.

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