Que vuelva la concordia

05.12.2018 | 04:45
Alberto Estella

En memoria de Gregorio Peces Barba y Gaby Cisneros

El recuento es aterrador. De aquellas Cortes Constituyentes quedamos apenas la cuarta parte. Y algunos en condiciones físicamente precarias. Es lo natural. Uno mismo ha tenido desde entonces tres cornadas mortales. Ayer en Tordesillas, en las Casas del Tratado, donde nos homenajeó la Delegación del Gobierno en Castilla y León —y nos atendió maravillosamente la Subdelegada de Salamanca— estuvimos solamente ocho parlamentarios castellanos y leoneses de 1977. Eché de menos a muchos, la mayoría fallecidos, pero especialmente a dos, los mas importantes en esta efemérides, porque fueron dos diputados de esta Comunidad —entonces Región—, Ponentes de la Carta Magna, ambos ya en el descanso eterno: Gregorio Peces Barba (PSOE), que obtuvo Acta por el distrito de Valladolid; y Gabriel Cisneros (UCD) que la logró en el de Soria. Dos buenos maestros y amigos.
Gregorio era hijo de un letrado que, como preso del franquismo, tuvo que picar piedra en el Valle de los Caídos. Gaby venía del Movimiento y la Falange. Se respetaron y entendieron entre ellos y con los cinco ponentes constitucionales restantes, siendo el Parador de Gredos testigo mudo de sus decisivas deliberaciones. Otras fueron en reservados de restaurantes entre los números dos de aquel bipartidismo imperfecto, cuando era preciso desatascar dificultades, aceptar alguna ambigüedad, con tal de alcanzar el ansiado, histórico, exitoso consenso: Abril Martorell (Vicepresidente de Adolfo Suárez) y Alfonso Guerra (mano derecha de Felipe González).
Los españoles comprendimos entonces que hacía falta olvidar, que todos habíamos perdido la guerra incivil, y que las dos Españas se tenían que amnistiar mutuamente. Unos habían volado al Presidente Carrero Blanco, pero otros habían fusilado antaño al de la Generalitat, Companys; Muñoz Seca fue asesinado en Paracuellos, pero García Lorca lo había sido en Granada; general por general, Fanjul y Battet fueron fusilados por el respectivo bando contrario€ Quizás por ello en el Claustro de la Catedral de Ávila haya dos sepulcros aledaños de dos grandes españoles: el presidente de la IIª República en el exilio Sánchez Albornoz y el primer presidente de la Democracia, Adolfo Suárez, éste bajo la conocida inscripción "La concordia fue posible". ¿Lo es hoy? Pido fervientemente a Dios que regrese. Por el bien de nuestra Patria.

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