Se acabó lo que se daba

05.12.2018 | 04:45
Juan Antonio García Iglesias

Aunque todavía está por ver, parece que sí, que ha llegado el momento del cambio político en Andalucía. Los de siempre no lo han conseguido y se han quedado cortos para seguir otros cuatro años más haciendo de las suyas. Un porcentaje bastante considerable de andaluces ha dicho basta y con los resultados salidos de las urnas puede asegurarse casi del todo que se acabó lo que se daba.
Una parte de la sociedad andaluza ha estado hasta ahora comprada o vendida, según se mire, por o al régimen que ha venido funcionando desde que los socialistas ganaron las primeras elecciones autonómicas, y desde entonces se han mantenido o los han mantenido, según se mire, en el poder. Han sido treinta y seis años perfeccionando la fórmula que permitió la ruptura social que ahora les ha pasado factura.
Aquellos que pensaron que el cambio era inevitable, porque la corrupción era tanta y tan evidente que las circunstancias lo favorecían, acertaron. La corrupción ha sido la base que cimentó este régimen socialista a la andaluza y lo conservó bien nutrido durante casi cuatro décadas. Hace años, bastantes años, creo recordar que por alguna campaña electoral sin poder precisar cual de todas, una periodista de un canal de televisión le preguntó a un mozo bien plantado, sano y fuerte, que andaba por ahí matando el tiempo, sobre la situación política andaluza, el problema de la juventud, el paro y demás asuntos que preocupan a la gente ante unas elecciones, el muchacho no se anduvo con rodeos, se despachó a gusto en elogios y no era para menos porque "en mi casa -dijo- trabajamos 'tos' en el paro", es decir, a cuento del Plan de Empleo Rural (del PER), o sea, y hablando en plata, de cobrar peonadas sin dar palo al agua. Con esta respuesta no había más que decir y ahí acabó la conversación.
Esto es clientelismo, fórmula muy al uso en la Junta por la que se intercambiaba dinero sin esfuerzo (subsidio le llaman) por votos y que durante todo este tiempo fue un eficaz estimulante y un excelente fortalecedor del régimen imperante, que encontraba en la gente beneficiada por esta fórmula un apoyo incondicional, modelo caciquil que los andaluces quieren barrer del mapa y ya han dado el primer paso. Los siguientes no están en sus manos, sino en las de los elegidos (PP, C's y Vox€ también PSOE, que sigue en cabeza, aunque no parece que esté dispuesto a pasar por el aro) para que barran sin contemplaciones y limpien la escena de toda esta basura acumulada por simple motivo de higiene, cosa de arrimar el hombro y de barrer en la misma dirección.
Hoy muchos andaluces pueden todavía seguir diciendo exactamente lo mismo que dijo aquel buen mozo, pero el panorama que desde ahora tienen por delante ha comenzado a no ser igual. Limpiar la escena no va a resultar fácil ni cómodo ni rápido, tendrán que enfrentarse a situaciones y a solucionar problemas muy complicados que necesitarán su tiempo, tiempo que ha empezado a contar ya y no hay que perder.
Es el momento de negociar y de ponerse de acuerdo. Es sobre todo una obligación, porque están obligados a no decepcionar. Desmontar el tinglado socialista de las instituciones llevará trabajo y esfuerzo, también privaciones. Después de tantos años, la esencia ha calado hasta la médula y seguirá, porque acabar con ello va a ser labor larga y traumática. Habrá que echarle voluntad, paciencia y mucha altura de miras.
Antes dije privaciones y dije bien, porque también ha llegado el momento de satisfacer codicias, un escollo peliagudo en el camino que entre todos y de la mejor manera posible tendrán que salvar si quieren sacar a los andaluces del atolladero socialista. Los electores le han servido en bandeja de plata la oportunidad de conseguirlo, no la echen a perder por mezquindades. Sería un disparate político, además de un engaño y una ignominia sin paliativos ni perdón, de los que no se olvidan, enzarzarse en discusiones partidistas por hacerse con el poder y, de momento, la tendencia por ahí va. Las circunstancias les exigen a todos ellos estar a su altura. ¿Serán capaces?

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