Sida

04.12.2018 | 04:45
Marta Sánchez

Ahora que los chicos jóvenes parecen haberle perdido el miedo al VIH y las tasas de contagio del virus vuelven a repuntar, no puedo dejar de recordar cómo el Sida, hace algo más de veinte años, se convirtió en una de las enfermedades más temidas, la misma que podía costar la vida y que estigmatizaba con su aparición a quien resultara infectado. En los inicios del VIH —y los más jóvenes, ni lo sabrán—, el virus solo se relacionaba con las drogas y las relaciones homosexuales. Tanto era así que incluso se llegó a lanzar una extraña teoría sobre si, desde los puritanos EEUU, se habría tratado de extender este mal, como si fuera una maldición, para castigar a los peligrosos consumidores de estupefacientes y a los "inmorales" gays. De hecho, la muerte de uno de los actores que tiempo atrás había sido considerado todo un sex symbol de su época, Rock Hudson, y la constatación de su tendencia sexual anteriormente desconocida, puso al Sida en boca de todos y sirvió para que se señalara doblemente a los afectados.
Poco tiempo después, el virus comenzó a dejar de ser propiedad privada de esos dos colectivos y se coló entre los heterosexuales que se creían a salvo hasta ese momento. Y fue entonces cuando, de nuevo, las invenciones volvieron a dispararse y hubo quien aseguró que el "experimento" se les había ido de las manos a los "creadores" del SIDA. Especulaciones aparte, desde entonces, las relaciones sexuales dejaron de ser iguales y se empezó a contemplar la necesidad de utilizar protección en todas ellas. Las discusiones iban y venían y se quedaban estancadas en lo que era contagioso o no de esa enfermedad malévola y mortal cuyos afectados eran tratados como los leprosos en la Edad Media. Con el paso de los años y el empeño de la sociedad en controlar el SIDA, se consiguió que acabará cronificándose, con lo que, poco a poco, empezó a ocupar un segundo lugar en la preocupación general. Desde ese momento hasta ahora ha habido muchos avances que celebrar, entre ellos, que ahora se puede conseguir que una madre con SIDA no infecte a su bebé. Pero precisamente esta sensación de haber controlado la enfermedad ha hecho que los jóvenes le pierdan el miedo y que no se tomen en serio la necesidad de protegerse en las relaciones sexuales, no solo para evitar embarazos indeseados, sino para no acabar contaminados de SIDA. El resultado es que los contagios están aumentando. Y Salamanca tiene la segunda tasa más alta de la comunidad de Castilla y León. Los nuevos casos de SIDA se dan ahora sobre todo entre chicos de 16 y 25 años que, una vez más, se creen inmunes a todo y no tienen sensación de riesgo. Pero el peligro está ahí. Y tal vez el VIH no mate tanto como antes, pero cambia la vida por completo y puede llegar a costársela a cualquier que no se trate como corresponde.

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