Tirador mediocre y como una cabra

09.11.2018 | 04:45
Susana Magdaleno

El detenido por querer matar a Pedro Sánchez es un pieza, sin duda. Además, dado el perfil del elemento, nadie puede asegurar que su intención real no fuera la de matar al presidente y que estuviera dispuesto a dar el paso, aunque en este punto chirría la decisión de la Audiencia Nacional de no imputarle el delito de terrorismo.
Pero de ahí a armar el relato describiendo a Manuel Sánchez como "francotirador", "lobo solitario", "experto tirador" y que pidió ayuda logística por WhatsApp parece que va un abismo. Más que nada porque su supuesto mejor amigo "de toda la vida" en el club de atletismo viene a decir -en La Sexta- que en ocasiones parecía que estaba como una cabra y sus compañeros de tiro le definen como "mediocre" en esa tarea de acertar al blanco. Lo de pedir apoyo por WhatsApp también suena un poco de traca porque lo que les solicitaba a su reducido grupo de amiguetes era saber cómo ver la agenda del presidente, porque andaba pez en informática. Pocas veces se ha utilizado tanta literatura para describir una realidad que parece que tiene poco que ver con los hechos. El ´lobo solitario´, francotirador y experto tirador es realmente un ´colgado´ que está para ejecutar si se le cruza el cable, pero no para sesudas tareas de planificación.
Vamos que Rosa Díez no andaba nada desencaminada cuando puso el tuit "detenido un vigilante de seguridad que dijo en un chat que quería matar a Sánchez", aunque luego lo borrara por la avalancha de críticas y porque vanalizar con gente que evidentemente no está bien y puede cometer cualquier barbaridad no es tampoco lo adecuado. Manuel Sánchez es un ultraderechista cabreado por la exhumación de Franco y alguien así, que se reconoce encantado de poder sacrificarse por España, está bien en la cárcel de Brians-2 a la espera de juicio por delitos de conspiración para atentar contra autoridad con uso de arma, delito de amenazas graves, delito de tenencia ilícita y depósito de armas, municiones y explosivos y un delito de odio... Pero que no nos vendan motos.
A Pedro Sánchez la media sonrisa le delataba cuando contaba el riesgo en el que se había encontrado. Moncloa, en su línea, lo bordó, al decir que estas amenazas son "una constante", a la que "no deben acostumbrarse los españoles": empezaba el festival del humor.
Si antes el presidente comparecía encantado de conocerse, aún más después de la hazaña (bien jugada) de librar al pueblo del pago del impuesto de hipotecas y ahora sube a lo más alto porque pasa a la historia como otro presidente que puso en riesgo su vida por España.
Esta semana había sido noticia Aznar y el recuerdo de sus cuatro intentos de asesinato, uno con lanzamisiles, y ahora Pedro Sánchez también está en este grupo, aunque sea por culpa de un vigilante de seguridad sin trabajo que estaba como las maracas de Machín y al que afortunadamente se detuvo a tiempo.
El presidente, cual Gandhi, atendió a los medios de comunicación pidiendo paz y esa "defensa sosegada de las ideas". Vamos a ver, Pedro, recuerda que gobiernas a golpe de decretazo y que, como te quedaste sin salida después del ridículo con el Vaticano y tus ansias de pasar a la historia, prohibirás también por Ley que los restos de Franco sean depositados en la Almudena.
Luego, en ese momento Gandhi, tienes la desfachatez populista de prometer seguir trabajando "por la serenidad en el debate político", como si fueran los demás los que enervan y crean diferencias. La última, te la recuerdo, en Alsasua, cuando tu Gobierno, a través de hasta tres ministros, tuvo la desfachatez de llamar provocación a la manifestación en favor de la Guardia Civil. Eso sí, Podemos puede protestar frente al Tribunal Supremo porque para ellos sí hay derecho de manifestación, no para las víctimas del terrorismo, y eso no es crispar.
En este país siguen las dos varas de medir. La del héroe presidente que puede plagiar una tesis y mantener en su cargo a una ministra que cuando era fiscal aplaudió un delito, y otra para los de centro derecha, que siempre provocan y crispan. Así, presidente, no se construye un país, sólo un chiringuito que, por lo que advierte la Unión Europea, estás además dejando sin dinero. Pero, tranquilo, que lo importante es que sigues siendo presidente, doctor... y ahora también Gandhi.

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