Los que llegan

09.11.2018 | 04:45
Miguel Cid

Había una sección en La Voz de Miróbriga, de Ciudad Rodrigo, que se titulaba "Los que llegan y los que se van", donde de forma digamos que entrañable, se contaba aquellas personas que iban y venían a dicha ciudad a lo largo de la semana.
Ahora, de forma mucho más amplia y diríamos que casi universal, se están produciendo idas y venidas de cientos de miles de inmigrantes y refugiados que abandonan sus países para dirigirse a aquellos que, teóricamente, les van a ofrecer mejores condiciones de vida.
Existen al respecto dos flujos representativos de lo que está pasando en el mundo. Uno, el que se dirige a Europa tanto del este como del sur, y otro el que se dirige a Estados Unidos desde los países suramericanos. Ambos, aunque son relativamente antiguos, están produciendo o van a producir tragedias sin cuento; unas en el Mediterráneo con víctimas constantes y otras, aunque esperemos que no, en la frontera fuertemente armada del sur de USA.
Mucho se está teorizando sobre este drama, empezando por diferenciar entre emigrantes por razones económicas y refugiados por razones políticas, lo que aunque constituye una simplificación, puede servir de punto de partida. Los refugiados, por un lado, han tenido que abandonar sus hogares precipitadamente y ante el riesgo que corren sus vidas, mientras los migrantes han tenido un cierto margen para elegir su destino, motivados por razones económicas y laborales. Ello no excluye que tanto unos y otros crucen estas motivaciones, esto es, los migrantes tengan también razones políticas y los refugiados las tengan económicas.
Por ello, un estudioso de prestigio como Samir Naïr, denunciaba que confundir unos con otros parece responder a una calculada estrategia, para no asumir las responsabilidades propias en el ámbito jurídico internacional como países firmantes de tratados internacionales de protección y asilo, de atender peticiones de refugio para proteger la integridad de personas en evidente riesgo por conflictos armados que suponen un peligro directo para sus vidas.
Tanto es así que se considera que el papel de la Unión Europea en la crisis de los refugiados ha sido, por el momento, realmente decepcionante, como denuncia el profesor Joan Lacomba. Ya que la lentitud en las iniciativas y las discrepancias entre sus miembros, junto con la actitud insolidaria de algunos de ellos, ha desvelado que los derechos humanos se han vulnerado en suelo europeo sin ninguna consecuencia, poniendo de manifiesto una evidente contradicción entre lo que se dice y lo que se hace, como ha sucedido en el acuerdo con Turquía y en el nuestro con Marruecos.
Mientras, las pateras mortíferas siguen llegando y la recogida de cadáveres también, sin que se sepa muy bien, yo diría que muy mal, como poner remedio a esta gravísima situación. Buenos días y buena suerte.

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