La capa de San Martín

09.11.2018 | 04:45
Santiago Juanes

Me recuerda un veterano profesor de Derecho que las hipotecas siempre se pagan. Venimos de un tiempo en el que se ha comprobado: padres o hermanos que avalaban con su vivienda la de un familiar y por la crisis caían, como fichas de dominó, la adquirida y la que se ponía de aval. Aún hoy, en Salamanca, de vez en cuando vemos concentrarse ante entidades bancarias a ciudadanos de una plataforma antidesahucios. La Biblia revela que el primer sobresalto que se llevó el ser humano fue la expulsión del Paraíso, que no fue sino un desahucio, aunque no por razones hipotecarias. O sí. El segundo fue tener que ganar el pan con el sudor de la frente, así, de repente, cuando ninguno de la pareja había dado un palo al agua. Y a partir de aquí, todo se torció. Si habla con policías y agentes judiciales le dirán que un desahucio es una de las acciones más duras que se puede presenciar. Intervienen en ella mayores o niños, personas que se agarran con fuerza a lo último que tienen, porque si lo pierden quedan a la intemperie y sin dignidad, hay gritos, lágrimas, lamentos, indignación vecinal€ La ley tiene a veces estas cosas, es dura, implacable, se toma su tiempo pero al final aparece en escena con todo su poder. Tiene sus plazos, como la hipoteca. La misma que ha pasado de la sección de sucesos a asunto de Estado, como estamos viendo.
Creí que la decisión de los jueces repartiría la carga fiscal. Lo pensé porque está ahí la fiesta de San Martín, al que todos vemos cuando pasamos delante de su iglesia, en el Corrillo, repartir su capa con un pobre. La espada, un arma pensada para la guerra, se convierte en herramienta de caridad. San Martín de Tours fue un santo que los repobladores trajeron a Salamanca e incluso le dieron su nombre a pueblos, como San Martín del Castañar, y se hizo patrono de Horcajo Medianero o Cristóbal de la Sierra. Fue un santo con mucho predicamento por las sierras. Y como en su iconografía aparecía una capa se convirtió en patrono de los capistas, ciudadanos que llevan sobre sus hombros esta prenda que en otro tiempo fue de diario y hoy es de vestir, y dio a Béjar extraordinaria fama gracias al paño que salía de sus fábricas y se sigue empleando en la sastrería de capas, lo que incluye a la más antigua de España, "Seseña", cuyo responsable, Marcos Seseña, hablaba hace poco de las virtudes del paño bejarano. Aquí, en Salamanca tengo por referencia a los Rodríguez, "Sastrería Rodríguez", cuyos bisabuelos ya eran sastres y hacían capas en Valdelacasa. El abuelo Ángel heredó el oficio y se lo legó a su hijo, Claudio –Claudio Rodríguez, como el poeta—y de este lo aprendieron sus hijos, Raúl, que está en Béjar, y Paulino, que regenta la sastrería salmantina. En el cuadro de honor familiar está también el tío Pablo, ya jubilado. Toda una saga de sastres de capas y otras prendas, que alimentaban su talento en fábricas de enorme prestigio: González Tejada, Manuel Bruno o Pablo Farrás, nombres legendarios de la pañería bejarana y universal, aún vigentes. Espero que por mil años. Pero no, los jueces decidieron otra cosa por un margen muy ajustado, y aquí está el lío.

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