Consolidación del trumpismo

08.11.2018 | 04:45
Tomás Pérez Delgado

Suponer que las elecciones norteamericanas de mitad de mandato, celebradas anteayer en Estados Unidos, iban a ser un desastre de los republicanos y, por tanto, de Trump era desconocer la estabilidad política de que goza el país y también, aunque parezca contradictorio con ello, la crispada división que el trumpismo ha inoculado en la vida pública. Habrá que esperar un tiempo para disponer de análisis pormenorizados de unos comicios que son locales, estatales y federales, y en cuyo ámbito se celebran asimismo referéndums sobre importantes asuntos en algunos Estados o municipios. Con todo, pueden sacarse ya algunas conclusiones.
En primer lugar, estas elecciones han mostrado que la opinión americana sigue fija en posiciones parecidas a las de 2016. Los demócratas recuperan la mayoría en la Cámara de Representantes, pero no en el Senado. Y aunque obtienen también algunos gobiernos estatales, no alcanzan otros, como los decisivos de Ohio y Florida, y el muy esperado de Georgia. El avance azul no llega, pues, a tsunami. La nueva mayoría demócrata en la Cámara pondrá difícil a Trump desarrollar plenamente su antisocial política en sectores clave como inmigración, contrarreforma sanitaria y reforma fiscal. Pero el avance en el Senado del viejo y gran partido obligará a los demócratas a seguir soportando algún que otro trágala. Uno de ellos, el de la continuidad como presidente de Trump, al que la mayoría senatorial republicana protegerá del riesgo de procesamiento por acoso, violación de normas electorales en 2016 y colaboración con las interferencias rusas en aquellos comicios. Hay, pues, Trump para rato.
En segundo término, además del acceso a posiciones de poder de personalidades muy representativas de minorías étnicas, religiosas o de género, sobre todo entre los demócratas, hay que destacar la confirmación en Norteamérica de una tendencia visible también en Europa: la fractura que se advierte recientemente en el voto entre distritos electorales densamente urbanizados, que tienden a votar a partidos avanzados o progresistas, y aquellos otros dominados por pequeños núcleos de población y zonas rurales, proclives a los conservadores. Es lógico que el Senado americano, que representa la fuerza de lo local, sea terreno propicio para la victoria conservadora que, con Trump, es la del populismo. Porque es incierto que la base electoral populista sea socialmente transversal. Hoy por hoy, el populismo conservador parece ser la opción de la gente con menores recursos y cultura. Por eso en América es trumpista.

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