El Gato con Botas quiere ser Rey

14.10.2018 | 04:45
Julián Ballestero

Aquella mañana, un luminoso día de la Fiesta Nacional, el presidente del Gobierno se quitó el disfraz del Gato con Botas con el que había acudido a Mallorca para darse un baño de barro, ya que no de realidad. Tras bajarse del Falcon, se dirigió a su querido hogar monclovita, se embutió en el traje azul de las grandes ocasiones y partió hacia el Palacio Real para suplantar a Felipe VI. Tuvo su momento de gloria, pero un joven del servicio de protocolo de la Casa Real lo apartó y lo mandó, junto a su esposa, a cola de los canapés.
Fue una linda escena, de esas para el recuerdo. Y no hay que sorprenderse del osado y a la vez patético proceder de Pedro Sánchez. Quien no siente el menor aprecio por la Constitución de todos los españoles y pacta con quienes pretenden destruir nuestra nación, no va a respetar una norma de tan bajo rango como el protocolo y el respeto a las instituciones.
Tras dormir en la Moncloa y asegurarse la condición de expresidente del Gobierno, el otro sueño de Sánchez, quizás inconfesado, puede que inconsciente, es asaltar el Palacio de la Zarzuela y sentar sus posaderas en el trono de los Reyes de España.
De momento ha pactado con el Asaltacielos Iglesias unos Presupuestos concebidos para dinamitar la buena marcha de la economía y sumir al país en una crisis que ríete tú de la de 2008. Todo ello como paso previo y necesario para alcanzar sus objetivos, dentro de la estrategia podemita que llevaría a la revolución y la ocupación del poder al más puro estilo venezolano.
El acuerdo Sánchez-Iglesias, aparte de confirmar el nuevo frente, esta vez no popular sino populista, constituye una bomba de explosión retardada contra la senda de la recuperación iniciada bajo el mandato de Mariano Rajoy, cuya política económica adolecía de importantes deficiencias, pero que al menos funcionaba.
El acuerdo del Dúo Calatrava, en el que el presidente del Gobierno ejerce de tonto útil, tendrá efectos demoledores sobre el crecimiento y frenará de forma drástica la creación de empleo. Porque las medidas anunciadas para 2019 caminan justo en el sentido inverso de la senda más adecuada para nuestra economía: en lugar de conseguir más ahorro y eficiencia en la Administración, la pareja propone más gasto, más impuestos, más populismo barato y más promesas imposibles de cumplir. En definitiva, más déficit, más deuda y menos credibilidad de un país que cada día que pasa depende más de su imagen en el mundo.
Si no se tratara de Sánchez, si estuviéramos ante un presidente del Gobierno con un mínimo de sentido de Estado y de responsabilidad de gobierno, podríamos asegurar que estos Presupuestos de Alicia en el País de las Maravillas Neocomunistas nunca saldrán adelante. Entre otros motivos, porque para aprobarlos tendría el Gobierno que rebajarse a tremendas y mortíferas concesiones a los separatistas de cuyo voto depende la mayoría en el Congreso. Pero, ay señores, se trata de Pedro Sánchez, cuyo sentido del deber y altura de miras empieza y termina en su empecinado deseo de poder. Hará todo lo necesario para continuar unos meses más, una semana más o un día más en La Moncloa, aunque eso incluya echarse en brazos de quienes siguen conspirando, o más bien actuando de la forma más descarada, para acabar primero con la convivencia, luego con la senda de progreso y finalmente con la nación.
La aprobación del proyecto para dinamitar la buena marcha de la economía en 2019 supone un nuevo alarde de malabarismo, pero ya comprobamos con motivo de la moción de censura la habilidad de Sánchez para bailar sobre la cuerda floja, para ceder y conceder sin tino ni mesura. No hay que descartar otro vergonzoso pacto basado en nuevas prebendas y gestos de distensión política y carcelaria para contentar a los golpistas catalanes, y más dinero de todos los españoles para engatusar a los insaciables vascos. Además, está claro que tanto a los separatistas declarados como a los nacionalistas que aspiran a serlo, les va mucho mejor con un Gobierno entregado y maniatado que con cualquier otro mínimamente sólido y comprometido con la Constitución y la democracia.
En todo caso, igual da. Porque si le tumban los presupuestos, Sánchez prorrogará los de Rajoy (sí, esos ´antisociales´ que merecieron su voto en contra) para seguir siendo ´el presidente´. ´El Presidente soy Yo´, como a él le gusta decir catorce o quince veces en cada entrevista. Y si nos descuidamos, si se descuida Felipe VI, acabará como Luis XIV, el Rey Sol, diciendo aquello de ´El Estado soy Yo´.
Este ´fenómeno´ y su nuevo amigo Iglesias aspiran a hacernos un Maduro y no se marcharán ni a tiros

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