Crónica de la Desolación

14.10.2018 | 04:45
Santiago Juanes

Ya está aquí, de nuevo, la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, que el fin de semana que viene abrirá en la Plaza Mayor. Es su casa. Ya veremos cuando se reforme la Plaza de Los Bandos si hay o no mudanza o desahucio. De esta feria digo lo que ha escrito Andrés Trapiello en su libro "El Rastro", que me tiene abducido. Dice que "la gente va (al Rastro), aunque no lo sepa, a buscar su pasado", y yo creo que tiene razón. A veces uno se encuentra con ese pasado sin buscarlo, como me ocurrió a mí en la Plaza del Oeste cuando el rastro salmantino se situó allá: me encontré de repente con aquellas Enciclopedias de Álvarez a las que los niños de mi generación nos aplicábamos de chicos; en ellas había de todo, Matemáticas, Historia, Lengua€una enciclopedia. Nadie puede resistirse a un rencuentro de esa manera, así que ahí las tengo, con otros libros entre viejos y vetustos llegados del pasado.
El pasado está ahí. He paseado hace unas horas por él. En Béjar, por su Ruta de las Fábricas Textiles, que no es sino una crónica de la desolación. Igual que Mesonero Romanos relataba el pesar con el que su padre recorría las ruinas salmantinas dejadas por la Guerra de la Independencia podría hacer por esta ruta: aquí, la de Izard Muñoz, la de Téllez y la de Farés Faus, en esta de García y Cascón trabajaron casi mil personas, y la Industrial Bejarana e Hibesa, qué edificios, adosados al costado bejarano que mira al Cuerpo de Hombre, de donde tomaban el agua. La ruta avanza paralela al río, entre pesqueras, canales, presas y represas, compuertas que regulaban el agua, con plantas hechas a las orillas, como sauces, fresnos, chopos, enredaderas, zarzas, escaramujos€siempre acompañada del ruido del agua que corre y salta, y bajo tres puentes maravillosos. Árboles que compiten en altura con las chimeneas fabriles, fósiles industriales, que nos hablan de lo que fue aquello y quizá pudieran hacerlo de lo que pasó para que todo se convirtiese en ruina. Edificios abandonados con ventanas de cristales rotos tras los cuales solo es visible el vacío, la nada, la oscuridad, como mirarle a los ojos a una calavera. Hay que pasear esta ruta para entender a Béjar y a sus habitantes. Porque, además, ese esplendor industrial desaparecido era visible aún en los años setenta, ayer, como quien dice. Y ya no volverá porque el mundo ha cambiado. La naturaleza terminará por devorar a esos edificios de los que antaño salieron los mejores paños con los mejores tintes, y cuando eso ocurra será la hora de los arqueólogos, y como el mundo es otro hay que mirar a otros horizontes: algo me alivió Miguel Sánchez Paso, en su casa de comidas de La Cerrallana, al adelantarme que habrá pronto libro bejarano de Gastronomía. Me lo dijo mientras miraba la sierra que acuna a Candelario, necesitada de agua, ya, que aseguran que viene hoy con aires de huracán o tormenta tropical. El pasado industrial bejarano está también en los libros y quizá alguno aparezca en los estantes de la feria que viene. Todo está en los libros. Y naturalmente, el pasado.
Mientras recorría esa crónica de la desolación, Unamuno era recordado en el Paraninfo, la Guardia Civil festejaba a su Patrona y Colón permanecía olvidado en su pedestal, apuntando a la calle del Pan y Carbón, como si fuese ajeno al 12 de octubre. Algún año de estos, en la Fiesta Nacional de España, Día de la Hispanidad, alguien se acordará de él.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
anteriorsiguiente
 
La Gaceta de Salamanca On-line Modif.
© Grupo Promotor Salmantino, S.A.
Avenida de los Cipreses, 81. 37004 Salamanca (SALAMANCA).
Tlf: 923 125252 Fax redacción: 923 256155
Aviso legal  |  Política de cookies | Política de privacidad