El Descubrimiento

12.10.2018 | 04:45
Santiago Juanes

Aquí la hispanidad tiene sus rincones. El Paraninfo es uno. Unamuno pensó mucho sobre España, pero España, quizás, no ha pensado mucho en él. En cualquier caso, él tiene parte de la culpa de que en Salamanca no recordemos nuestro carácter colombino con su episodio paranínfico. La Plaza de Colón es otro rincón de nuestra hispanidad, con su monumento a Cristóbal Colón, de donde parte el concepto de hispanidad. Colón anduvo por Salamanca, donde expuso sus ideas y les dio vueltas y vueltas; una ciudad en la que encontró la opinión de los hombres de ciencia y también la de los hombres de fe. Diego Deza, dominico, confesor de la reina católica Isabel, fue clave para la aventura. Cuenta José Luis Espinel Marcos en "Colón en Salamanca", que además de sus cálculos geográficos, Colón estaba influenciado por otras noticias directas o indirectas de las tierras de las que hablaba. Pero Colón tenía, sobre todo, fe en su proyecto, que maduró en San Esteban y Valcuevo, donde Mariano Solís, dueño de la fábrica de harinas que hoy es Hacienda Zorita y era entonces lugar de reposo de los dominicos, levantó el primer monumento a Colón. Un simple monolito, pero cuánto significa. Y cuánto se dijo en su descubrimiento el 3 de abril de 1866 en el Cerro de Colón. Años más tarde, el 9 de septiembre de 1893, con un año de retraso con relación al cuarto centenario del Descubrimiento, se inaugura la escultura de Eduardo Barron en la actual Plaza de Colón, haciéndola para siempre rincón colombino, y desde la que se atisba San Esteban, donde hay un Claustro de Colón y el recuerdo de Vitoria y la Escuela de Salamanca, que tanto hicieron por la civilización. En la base de la escultura colombina está Diego Deza, por cierto.
La Plaza de Colón merecería algo que recordase su pasado formidable, con la bellísima iglesia de San Adrián o el Colegio de Clérigos Regulares de San Carlos, desaparecidas, como el convento trinitario sobre el que se levantaron el cuartel de la Guardia Civil y los Juzgados. Al lado de Colón estuvo –en parte está, aún—el colegio del Pan y Carbón, y la calle del Jesús, citada en "El Estudiante de Salamanca", de Espronceda, y Orellana y la Torre de Abrantes, y La Salina, y la iglesia de San Pablo, todo a la sombra de la Torre del Clavero. Hay una placa que recuerda al benefactor José Jáuregui, lejos de su calle. En su pasado aparecen los nombres de plaza de la Yerba, San Adrián y de los Menores. En ella pudo levantarse la sede central de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad en Salamanca, pero Colón no lo permitió. El ocio y la cultura pasaron por el Salón Artístico que se alzó en su solar. La calle de Colón se convirtió en la de Juan de la Fuente, y la alineación de la calle de San Pablo, carretera nacional, eliminó otros nombres.
Tiempo atrás, un día como hoy, los estudiantes hispano americanos realizaban una ofrenda a Colón en tan señalado día antes de pasearse, luego, por la calle de Toro, a la que se conocía popularmente como Via del Dólar por su presencia. La hispanidad aparece muy vinculada a la Universidad de Salamanca en buena parte de su historia, y aún hoy€El 12 de octubre, este día de la fiesta nacional de España, nos lleva a la Plaza de Colón, pero casi nadie se acuerda de ella en tan señalada fecha. Hay quien, incluso, hoy lamenta que un día descubriésemos un nuevo mundo. Un descubrimiento, por cierto, que pasa por Salamanca, lo que a veces también se olvida.

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